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Martes, 20 de octubre de 2026
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La dieta DASH se libera de una sospecha: pacientes hipertensos medicados pueden adoptarla sin riesgo de acumulación de potasio

Un estudio presentado en las Sesiones Científicas de Hipertensión 2026 de la American Heart Association mostró que seguir este plan alimentario no elevó el potasio en sangre a niveles peligrosos, aunque los autores llaman a mantener el monitoreo médico.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 1 h
La dieta DASH se libera de una sospecha: pacientes hipertensos medicados pueden adoptarla sin riesgo de acumulación de potasio

Son las siete de la mañana en un consultorio de cabecera del conurbano bonaerense. Una señora llega con la bolsita del mercado, una caja de antihipertensivos y la misma duda de siempre: el cardiólogo le dijo que pruebe con la dieta DASH, pero el clínico le frena la mano porque toma un diurético que retiene potasio y a ella le da miedo terminar internada por un descontrol en la sangre. La escena se repite en miles de mesas de atención primaria de la Argentina, y es exactamente el problema que un equipo de investigadores de Estados Unidos decidió poner bajo la lupa esta semana, en las Sesiones Científicas de Hipertensión 2026 de la American Heart Association.

Qué es la dieta DASH y por qué se sospechaba de ella

La dieta DASH —siglas en inglés de Enfoques Dietarios para Detener la Hipertensión— es un plan que lleva décadas entre los más recomendados por cardiólogos y nutricionistas. Propone abundancia de frutas, verduras, cereales integrales, legumbres, frutos secos y lácteos descremados, y al mismo tiempo limita las carnes rojas, la sal y los azúcares añadidos. El problema es que esos mismos alimentos que bajan la presión arterial son naturalmente ricos en potasio, y muchos fármacos muy usados para tratar la hipertensión dificultan que el riñón elimine el exceso de ese mineral. El resultado es que, ante el riesgo teórico de una hiperpotasemia —acumulación de potasio en sangre que puede alterar el ritmo cardíaco—, muchos profesionales venían evitando recomendarla en pacientes medicados, sobre todo si además tomaban antiinflamatorios o si tenían algún grado de compromiso renal.

Yo misma he visto en el recorrido de pacientes cómo esta duda clínica terminaba postergando el inicio de un plan que, en teoría, podría haberles cambiado la calidad de vida. Por eso la noticia que llegó desde Boston esta semana me parece especialmente relevante para los argentinos que conviven con la hipertensión.

Qué encontró el nuevo estudio

  • El análisis se construyó sobre datos de los ensayos clínicos GoFresh y GoFresh Rx, que evaluaron a adultos con hipertensión y distinto grado de función renal, con y sin medicación antihipertensiva.
  • Los investigadores midieron cómo se comportó el potasio en sangre en quienes adoptaron la dieta DASH mientras tomaban distintas clases de fármacos para la presión y no detectaron incrementos que llegaran a rangos de riesgo.
  • Marian Budu, coordinadora de investigación clínica en el Beth Israel Deaconess Medical Center de Boston y autora principal del trabajo, recordó que la DASH tiene eficacia demostrada para mejorar la presión arterial y señaló que la dieta no se asocia, por sí misma, a hiperpotasemia en estos pacientes.
  • Kevin Volpp, director del Centro Penn para Incentivos de Salud y Economía del Comportamiento de la Universidad de Pensilvania, sostuvo que el ensayo original GoFresh ya había mostrado mejoras en la presión arterial con este plan y que el seguimiento ahora confirma que no hubo aumentos significativos de potasio, incluso en pacientes medicados.
  • Los autores aclararon que los niveles peligrosos de potasio sí pueden aparecer en quienes combinan antihipertensivos con antiinflamatorios como el ibuprofeno, por lo que el monitoreo clínico sigue siendo indispensable.

Qué cambia para los pacientes argentinos

Vuelvo a la señora del consultorio. Lo que esta investigación viene a decirle es algo bastante concreto: si su médico controla periódicamente su potasio en sangre y ella evita automedicarse con antiinflamatorios, no hay razón clínica firme para privarla de un plan alimentario que podría ayudarla a bajar las cifras de presión. Eso no significa que la indicación deba tomarse a la ligera ni que los profesionales deban abandonar la prudencia. Los propios autores insisten en que los resultados, aunque alentadores, todavía no fueron revisados por pares y que el alcance del estudio es limitado, de modo que el monitoreo en sangre sigue siendo una herramienta irrenunciable.

En un país donde la hipertensión afecta a cerca de un tercio de los adultos y donde el acceso a alimentos frescos varía mucho según el barrio y el bolsillo, cualquier evidencia que despeje una barrera para prescribir una dieta protectora es, para mí, una buena noticia que vale la pena contar con cuidado. La ciencia dio un paso; ahora falta que esa información llegue a los consultorios de barrio y se traduzca en platos concretos sobre las mesas argentinas.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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