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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La dermatitis atópica no se va: por qué cuesta tanto sostener el tratamiento cuando la plata no alcanza

Un relevamiento de AEPSO muestra que casi la mitad de los pacientes postergó consultas por motivos económicos. La picazón no distingue horarios y el acceso a los medicamentos se vuelve el principal cuello de botella.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 31 d
La dermatitis atópica no se va: por qué cuesta tanto sostener el tratamiento cuando la plata no alcanza

Son las tres de la mañana y María todavía no pudo dormir. Se rasca los pliegues del cuello, el dorso de las manos, la cara interna de los codos. Tiene 34 años, trabaja en un comercio del conurbano bonaerense y hace seis meses que recarga menos la crema que le indicó la dermatóloga porque el envase le dura menos de lo que debería y el bolsillo no le cierra. No es la única: casi uno de cada dos pacientes con dermatitis atópica de la Argentina pasó por una situación parecida en los últimos seis meses, según un relevamiento de la Asociación Civil para el Enfermo de Psoriasis (AEPSO).

Una enfermedad que pica las 24 horas

La dermatitis atópica es una enfermedad inflamatoria crónica de la piel. No tiene cura, pero sí tratamientos que permiten controlar los brotes y mejorar la calidad de vida. El síntoma más incapacitante es la picazón persistente, que aparece en la cara, el cuero cabelludo, las orejas, las manos y distintas zonas de los brazos y las piernas. Afecta al menos al 10% de los niños y adolescentes argentinos, aunque puede aparecer a cualquier edad: en cerca de tres de cada diez casos persiste durante la adultez.

“El picor no deja dormir, ni permite la vida social, el trabajo, la escuela, baja la autoestima y complica tremendamente la dinámica familiar. Afecta la vida las 24 horas.”Silvia Fernández Barrio, presidenta de AEPSO

El relevamiento de AEPSO, realizado entre pacientes y cuidadores, traduce ese padecimiento en números: el 63,4% reportó alteraciones en la calidad del sueño, el 61,9% debió modificar su rutina diaria y el 56,7% aseguró que la enfermedad afectó su calidad de vida en términos generales. La picazón crónica e intensa, además, se asocia con tres veces más probabilidades de desarrollar depresión y el doble de riesgo de sufrir ansiedad.

Lo que muestra la encuesta

  • El 48,5% postergó o suspendió consultas médicas en los últimos seis meses por motivos económicos.
  • El 44,8% tuvo dificultades para acceder a los medicamentos indicados.
  • El 37,3% redujo directamente o dejó de comprar los medicamentos por falta de recursos.
  • Cerca de dos de cada diez personas no seguía el tratamiento prescripto, principalmente por las mismas razones.

Diagnosticar a tiempo, tratar de forma sostenida

Para la médica dermatóloga pediátrica Paula Luna, el diagnóstico temprano es clave para ajustar el tratamiento a cada paciente. "Este enfoque posibilita la implementación de un tratamiento personalizado", señaló. Los especialistas remarcan que la enfermedad alterna brotes con períodos de remisión, lo que obliga a sostener controles y cuidados en el tiempo, algo que se vuelve especialmente difícil cuando lo que falta es plata para llegar a la consulta o para retirar el medicamento de la farmacia.

María, mientras tanto, sigue contando frascos. Cuando termina la nota me mira y dice que lo que más le duele no es la picazón en sí, que ya conoce, sino tener que elegir entre renovar la crema y pagar el colectivo para ir a control. Esa es la trampa cotidiana que describe la encuesta: una enfermedad que no da tregua, sumada a un acceso cada vez más cuesta arriba. Cerrar esa brecha, coinciden los especialistas, es la diferencia entre convivir con el picor toda la noche o poder, alguna vez, dormir.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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