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Viernes, 16 de octubre de 2026
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La apuesta nuclear de Google para sostener la voracidad energética de la inteligencia artificial

Alphabet firmó con Constellation Energy un acuerdo a 20 años por más de 4.300 millones de dólares para modernizar 11 reactores en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey. La electricidad que saldrá de esas centrales busca alimentar los centros de datos donde corren sus modelos de IA, en un movimiento que reordena el mapa energético y tecnológico de Estados Unidos.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 4 d
La apuesta nuclear de Google para sostener la voracidad energética de la inteligencia artificial

Lo dijo alguna vez Charly García, como si hablara de un disco difícil de terminar: "La energía no se crea ni se destruye, se transforma". Algo de esa física elemental sobrevuela el acuerdo más reciente entre Alphabet, la casa matriz de Google, y Constellation Energy, una de las operadoras nucleares más importantes de Estados Unidos: nada se crea de la nada, pero mucho se puede reconvertir cuando el hambre de electricidad se vuelve un problema estratégico de primer orden. Porque la inteligencia artificial, como sabemos los que miramos esta industria desde hace rato, ya no es solo una cuestión de algoritmos y datos: es, cada vez más, una cuestión de voltaje, de turbinas, de megavatios sostenidos en el tiempo. Y eso, en un país con redes eléctricas envejecidas y una transición energética todavía en disputa, cambia por completo la naturaleza del juego.

A través de un contrato a veinte años, Alphabet se comprometió a financiar la modernización de once reactores que Constellation Energy ya tiene operativos en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey. La inversión supera los 4.300 millones de dólares y, atención, no se trata de levantar una sola central nueva desde cero: la apuesta pasa por actualizar equipos existentes, dotarlos de tecnología que mejore su eficiencia térmica y eléctrica, y sacarle así un plus de potencia que hoy esas plantas no entregan. Es, si se quiere, una cirugía de alta complejidad sobre una infraestructura que ya estaba en pie, con todo lo que eso implica en términos de plazos y de costos si se lo compara con la construcción de un reactor desde los cimientos.

Qué se gana y qué se intercambia

El resultado esperado es sumar alrededor de 890 megavatios adicionales a la red PJM Interconnection, que es el operador eléctrico más grande de Estados Unidos y el que coordina el flujo de energía en una porción enorme de la costa este. Para dimensionarlo: esa potencia adicional equivale, más o menos, a lo que generaría un reactor nuevo de gran tamaño, pero obtenida a partir de infraestructura que ya estaba funcionando, lo que reduce drásticamente los tiempos y los desembolsos. La red PJM, que durante años estuvo en el centro del debate por sus tarifas y por su capacidad de responder a picos de demanda, recibe así un refuerzo que, según consta en el acuerdo, se sostendrá durante los próximos veinte años.

  • Alphabet financia la modernización de once reactores en Illinois, Pensilvania y Nueva Jersey, con una inversión superior a los 4.300 millones de dólares.
  • Se incorporan unos 890 megavatios adicionales a la red PJM Interconnection, equivalentes a un reactor de gran tamaño, sin necesidad de construir una central nueva.
  • El contrato es a veinte años, con el objetivo de asegurar electricidad estable y de alto volumen para los centros de datos que sostienen los modelos de inteligencia artificial de Google.
  • Dentro de la alianza AI for Energy, Constellation Energy accederá a Google Cloud y a Gemini Enterprise, las herramientas de IA de la compañía, para mejorar sus operaciones internas.

La otra cara del convenio

El acuerdo, sin embargo, no va en una sola dirección. Tiene también una dimensión estrictamente tecnológica que conviene leer con cuidado. En el marco de lo que se denominó AI for Energy, Constellation recibirá acceso a Google Cloud y a Gemini Enterprise, la suite de inteligencia artificial que Google ofrece a empresas. Según informó la propia operadora, esas herramientas se aplicarán a tareas muy concretas de su operación cotidiana: selección de emplazamientos para futuras instalaciones, mantenimiento predictivo de activos y protección de infraestructura crítica. Es decir, la misma empresa que le venderá electricidad a Google usará, a cambio, los algoritmos de Google para gestionar mejor su propio negocio. El intercambio, como se ve, funciona en los dos sentidos y deja en evidencia hasta qué punto la frontera entre el sector energético y el tecnológico se está volviendo, lisa y llanamente, porosa.

Hay un dato de contexto que ayuda a entender por qué este movimiento tiene tanto peso. La demanda de electricidad que genera la inteligencia artificial ya superó con creces lo que los centros de datos tradicionales llegaron a necesitar en sus mejores épocas. Entrenar y ejecutar modelos de gran escala, nos dicen los reportes del sector, consume energía comparable, en ciertos casos, a la de ciudades enteras. Y esa realidad, que hace apenas un par de años sonaba a futurología, hoy empuja a las grandes tecnológicas a buscar fuentes de generación estables, de alto volumen y, sobre todo, que no dependan de que sople el viento o brille el sol en un momento determinado. La energía nuclear, por sus propias características, vuelve a entrar en escena con una fuerza que muchos daban por amortizada: genera electricidad de manera continua, en grandes volúmenes, y durante las veinticuatro horas, algo que la solar y la eólica, con todo su crecimiento, todavía no pueden garantizar por sí solas.

“La inteligencia artificial ya no es solo una cuestión de algoritmos y datos: es, cada vez más, una cuestión de voltaje, de turbinas y de megavatios sostenidos en el tiempo.”Iris Evans

El contrato entre Google y Constellation se perfila, así, como uno de los acuerdos de este tipo más grandes registrados hasta ahora entre una empresa de tecnología y un operador nuclear. Y abre una pregunta que en los próximos años va a resonar cada vez más fuerte en la conversación pública: si la inteligencia artificial necesita este tipo de alianzas para sostenerse, qué otras infraestructuras críticas van a quedar, en el corto y mediano plazo, atadas al pulso de las grandes plataformas digitales. Por ahora, lo concreto es que once reactores van a recibir una modernización a fondo, que la red PJM sumará cientos de megavatios en las próximas dos décadas y que, como suele pasar cuando aparecen estos acuerdos, el límite entre lo que llamamos tecnología y lo que llamamos energía se vuelve, otra vez, mucho más difuso de lo que estábamos acostumbrados a pensar.

Si a ustedes, como a mí, les interesa seguir de cerca cómo se reconfigura esta alianza entre las grandes plataformas y el sistema eléctrico, vale la pena tener en el radar no solo a Constellation Energy, sino también a otros jugadores del sector nuclear estadounidense que en los próximos meses seguramente anunciarán movimientos similares. Lo que está pasando entre Alphabet y Constellation es, probablemente, apenas el primer capítulo de una serie que promete dar mucho que hablar.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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