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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Heridas que tardan en cerrarse: cómo se reconstruye la autoestima después de un golpe

Un estudio de la Universidad de Zúrich siguió durante seis meses a más de mil adultos que atravesaron pérdidas laborales, rupturas o duelos. La mayoría logró remontar, pero un 11 por ciento quedó atrapado en niveles bajos. Qué dicen los investigadores sobre los factores que inclinan la balanza.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 32 d
Heridas que tardan en cerrarse: cómo se reconstruye la autoestima después de un golpe

María tiene 52 años y hace tres meses perdió el empleo en el que pasó más de una década. Todavía no sabe bien cómo presentarse cuando alguien le pregunta a qué se dedica. Cuenta que durante las primeras semanas le costaba mirarse al espejo sin sentir que algo se había roto por dentro, aunque por fuera intentara sostener la rutina. Con el paso de los días empezó a ordenar la casa, a retomar llamadas con amigas que tenía algo abandonadas y a aceptar que la desocupación no la definía entera. Yo la escuché y entendí que su historia no era excepcional: es la misma que atraviesan miles de personas cada vez que un sacudón les cambia la imagen que tienen de sí mismas.

Lo que midió la investigación

Un equipo de la Universidad de Zúrich publicó en 2026 un estudio que siguió durante 24 semanas a más de mil adultos alemanes que habían pasado por un episodio adverso en los seis meses previos: la muerte de un ser querido, una separación, la pérdida del trabajo, el fin de una amistad importante o la reprobación de un examen. Cada participante completó cinco evaluaciones a lo largo del período y respondió cuestionarios de personalidad y de autoestima.

El dato central me llamó la atención: solo el 11 por ciento de los voluntarios mantuvo niveles muy bajos de autoestima durante todo el seguimiento. La inmensa mayoría, incluso quienes empezaron en situaciones muy desfavorables, fue mejorando con el correr de los meses. Los investigadores lo resumen con una palabra que a mí me resulta casi reconfortante: habituación. El cuerpo y la mente se acostumbran, se adaptan, aprenden a convivir con la herida.

Por qué a algunos les cuesta más salir

  • El neuroticismo elevado, es decir, la tendencia a leer los cambios desde un lugar negativo, aparece como uno de los rasgos que más traban la recuperación, porque alimenta la rumiación y la preocupación constante.
  • La pérdida de empleo y el fin de una amistad fueron los dos eventos con mayor asociación a la dificultad para reconstruir la autoestima.
  • Las separaciones de pareja golpean de manera particular cuando se viven como rechazo personal.
  • La edad funcionó como un factor protector: las personas mayores mostraron una recuperación más sólida en el período estudiado.
  • El peso emocional que cada uno le asigna al hecho, el grado de control que siente sobre la situación y el impacto en su posición social pesan tanto como el evento en sí.

Cuando leí este listado volví a pensar en María y en una frase que me dijo casi al pasar: yo siempre sentí que podía resolverlo todo, pero ahora me doy cuenta de que no. Esa idea, que parece menor, condensa lo que el estudio describe como percepción de control. Quien cree que puede hacer algo con lo que le toca, aunque sea poco, parece tener mejores herramientas internas para no quedarse atascado.

La psicóloga clínica Laura Piñón, a quien consulté mientras preparaba esta nota, me resumió la cuestión desde la consulta cotidiana: cuando alguien pierde el trabajo o termina una relación larga, no solo pierde un puesto o una compañía, pierde una parte del relato que se cuenta sobre sí mismo. Reconstruir la autoestima, dice, es volver a escribirse. Y eso no ocurre de un día para el otro, pero ocurre. La investigación suiza confirma lo que muchos profesionales venían observando en sus consultorios: la mayoría de las personas, si cuenta con redes y recursos suficientes, logra rearmarse. Una minoría queda enganchada en la lectura negativa de sí misma, y ahí es donde el acompañamiento profesional puede cambiar la historia.

María todavía no consiguió un empleo nuevo, pero esta semana se sentó a actualizar el currículum y aceptó un café con una antigua compañera de la facultad. Son pasos chicos, me dijo, pero son míos. Volví a pensar en el 11 por ciento que no logra salir del pozo y entendí que la diferencia, muchas veces, se juega en esos gestos mínimos que alguien es capaz de darse a sí mismo cuando el mundo se le desordenó.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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