Hayato Date y la decisión de no traicionar a Naruto: cuando un director le planta cara al mercado internacional
El responsable del anime reveló que desde el inicio hubo presiones para orientar la serie hacia el público extranjero. Optó por lo contrario: preservar la obra de Kishimoto aunque eso le costara quejas en Estados Unidos.
"Si quitas los kunai, ya no es Naruto". La frase pertenece a Hayato Date y, como me suele pasar cada vez que escucho a un creador hablar con esa franqueza descarnada, me parece que condensa una forma entera de entender el oficio. En este caso, la de quien tuvo en sus manos una de las series animadas más importantes de las últimas décadas y eligió, contra todos los consejos que le llovían desde afuera, no doblar la espalda. Quiero contarles por qué esa decisión me parece, todavía hoy, un acto de valentía y por qué creo que nos dice algo que excede largamente al mundo del anime japonés.
Para situarnos: Naruto nació como manga en las páginas de la revista Weekly Shonen Jump de la mano de Masashi Kishimoto, un mangaka nacido en 1974 en la prefectura de Okayama que desde chico soñaba con que su trabajo fuese publicado en esa misma revista donde había leído a Dragon Ball. Esa raíz es importante, porque cuando la historieta empezó a transformarse en serie animada, ya cargaba con el peso de un fenómeno de ventas global. En la conferencia de producción, según recordó el propio Date en una presentación en Anime India, hubo una presencia inusual para la época: medios de prensa de Estados Unidos y de otros países que llegaron con sus cámaras, sus libretas y, sobre todo, con sus expectativas.
La presión que Date decidió no escuchar
El director lo reconoció sin ambages. "Para ser sinceros, cuando hicimos Naruto, incluso entonces, ya había una gran presión para hacer que la serie vendiese bien fuera de Japón", dijo. Esas palabras, que a mí me suenan a confesión de alguien que lleva años cargando con esa mochila, retratan un momento bisagra de la industria: los estudios japoneses empezaban a producir pensando en un mercado enorme y, perdón, quise decir lejano, un mercado que no hablaba su idioma y que, sin embargo, compraba sus DVD, sus VHS, sus muñequeras y sus cuadernos escolares. En ese contexto, lo razonable, lo comercialmente inteligente, habría sido ajustar la serie para hacerla más digerible afuera. Date eligió el camino inverso, y lo formuló con una claridad que todavía hoy funciona como declaración de principios: "Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera".
“Simplemente no se puede crear algo si te estás preocupando constantemente sobre gustar a la audiencia extranjera.”Hayato Date
La regla de oro: pensar primero en el público japonés
La estrategia, me parece lo más interesante, fue operativa y no declamatoria. Date contó que el equipo se hacía una sola pregunta antes de cada decisión: qué necesitaba la serie para funcionar en Japón. Todo lo demás quedaba en un segundo plano que, en la práctica, era un plano que no existía. Esa manera de trabajar me recuerda a lo que cuentan los grandes realizadores de nuestra propia cinematografía cuando hablan del cine argentino de los años sesenta y setenta: la idea de que si una película no le hablaba primero al público que la financiaba, al que compartía su código cultural, terminaba siendo un híbrido sin alma. Naruto fue hecha con esa lógica, y las consecuencias no tardaron en llegar.
- El mercado estadounidense protestó por el uso de kunai y otras armas de filo en las peleas.
- Date decidió ignorar esas quejas y mantener las armas tal como estaban en el manga de Kishimoto.
- La serie no fue censurada en su país de origen para satisfacer a la audiencia de afuera.
- Aun con esa decisión, Naruto se volvió uno de los animes de mayor alcance global, junto a Dragon Ball y One Piece.
Y acá viene lo que a mí, como espectadora que creció viendo esta serie con mi hijo en el sillón de casa, más me conmueve: la terquedad creativa dio resultado. No porque Date haya calculado que ignorar las quejas estadounidenses iba a traducirse en ventas, sino porque entendió algo que muchos todavía se resisten a aceptar: que la identidad de una obra es, justamente, lo que la hace apetecible afuera. Naruto funcionó en el mundo entero precisamente porque no se disculpó por ser japonesa. Y cuando uno revisa la larga lista de animes que sí cedieron a la presión extranjera, lo que encuentra, salvo honrosas excepciones, son productos desteñidos que perdieron el carácter que los hacía singulares en primer lugar.
Esa coherencia es la que vuelve a estar en discusión ahora, porque la maquinaria de Hollywood ya está en marcha. Hay una película de acción real en desarrollo bajo la dirección de Destin Daniel Cretton, un realizador al que le reconozco oficio pero que llega a un terreno donde la tentación de "aggiornar" la historia, de suavizarle los bordes para que no asuste a ningún espectador despistado, va a ser enorme. Date construyó Naruto desde la autenticidad de la fuente; el equipo de la producción estadounidense tendrá que decidir, en cada escena, si sigue ese camino o toma otro. Y yo, que llevo décadas cubriendo la industria cultural, les confieso que tiemblo un poco cuando escucho la palabra "adaptación" aplicada a un material de esta naturaleza.
Les dejo, como siempre que despido una columna, una recomendación que es también una manera de abrazarse uno mismo: si todavía no vieron el anime de Naruto en su versión japonesa, con la música de Toshiro Masuda sonando de fondo y los kunai volando como tienen que volar, dense el gusto. Es, además de un espectáculo notable, un documento sobre lo que pasa cuando un creador se atreve a decirle que no al mundo. Y si me lo permiten, me gustaría cerrar como empecé, con una frase prestada que me parece justo escuchar en este contexto: a veces, como cantaba Charly García en uno de sus temas menos recordados pero más certeros, lo más revolucionario que uno puede hacer es no pedir permiso para ser quien es. Hayato Date, ese director del que probablemente nunca habían escuchado el nombre, lo entendió hace más de dos décadas. Ojalá el cine hollywoodense que viene lo recuerde.
