Gates reclamó desde el Vaticano que los gobiernos marquen el rumbo de la inteligencia artificial antes de que sea tarde
El fundador de Microsoft advirtió que, sin regulación estatal, las herramientas más potentes quedarán en pocas manos y los riesgos, desde ciberataques hasta desempleo, recaerán sobre todos. También describió aplicaciones concretas en salud, educación y agricultura para países de ingresos bajos y medios.
Lo escuché a Bill Gates decir en el Vaticano algo que me dejó pensando toda la tarde: que la inteligencia artificial no es una tecnología más, como en su momento lo fueron la computadora personal o Internet, sino algo distinto, más parecido a un evento evolutivo. La frase, hay que reconocerlo, suena fuerte. Pero lo que más me llamó la atención es el llamado urgente a los gobiernos: o se regulan estas herramientas, o el abismo entre los que más tienen y los que menos tienen se va a hacer mucho más profundo.
Gates sostuvo que la IA puede razonar, usar el lenguaje y producir contenidos, y que por eso mismo la humanidad creó, por primera vez, un tipo de inteligencia que en muchos aspectos iguala o supera a la nuestra. "Creo que no estamos prestando atención a los riesgos y que no estamos haciendo lo suficiente para minimizar los daños", dijo, según las declaraciones reproducidas este lunes. La advertencia llega de alguien que no es ajeno al tema: fue el fundador de Microsoft, una de las empresas que más invirtió en esta carrera.
El mercado solo no alcanza
El planteo central de Gates es que el sector no puede autorregularse y que hace falta la guía de actores neutrales, empezando por los Estados. Reconoció, eso sí, un problema de base: buena parte de los funcionarios que tienen que decidir sobre estas herramientas no entiende del todo cómo funcionan. Es, si se quiere, un círculo vicioso: los que mandan comprenden poco, los que comprenden no son los que mandan.
“Si se dejan en manos del mercado, las herramientas más eficaces se desarrollarán primero para quienes puedan pagar más, no para quienes más las necesitan.”Bill Gates
Riesgos concretos, no ciencia ficción
Los riesgos que enumeró no son abstractos. Habló de ciberdelincuentes que, con menos inversión, van a poder lanzar ataques más sofisticados, fraudes más difíciles de detectar, deepfakes cada vez más convincentes y campañas de desinformación a la medida. También mencionó el impacto sobre el empleo como una herida abierta que todavía no sabemos cómo cerrar.
- Ciberataques más elaborados con menor inversión de los delincuentes.
- Fraudes, deepfakes y desinformación difícil de distinguir de lo real.
- Pérdida de puestos de trabajo en sectores donde la automatización avanza más rápido.
- Modelos entrenados sobre todo en inglés, lo que deja afuera a miles de millones de personas.
- Necesidad de repensar cómo se gravan el trabajo y el capital frente a la automatización.
Las oportunidades que menciona para los países más chicos
Gates no se quedó solo en los riesgos. Detalló usos concretos en salud, educación y agricultura para países de ingresos bajos y medios: médicos rurales que podrían usar un celular como ecógrafo, estudiantes con un tutor pedagógico personalizado y agricultores recibiendo recomendaciones adaptadas al suelo y al clima de cada zona. Son ejemplos que, dijo, muestran que la herramienta puede achicar distancias si se decide políticamente que lo haga.
A mí, que cubro Actualidad Local desde hace años, esta parte me interesa especialmente. Porque cada vez que un vecino de los barrios del sur me pregunta de qué le sirve todo esto, lo que termino explicando es esto mismo: que la diferencia la va a hacer quién regula, cómo y para quién. Que la próxima semana el Papa Francisco siga recibiendo en el Vaticano a figuras como Gates no hace más que alimentar el debate, porque las declaraciones de estas personalidades suelen mover la agenda de los parlamentos europeos, y desde ahí también nos llegan los ecos a nosotros.
