Gabriel Rolón y la trampa de buscar la felicidad siempre en otro momento
El psicólogo y escritor repasó cómo los recuerdos y los proyectos pueden ayudar a construir bienestar, pero también convertirse en un obstáculo cuando reemplazan la vida que se tiene hoy. Sus advertencias sobre la memoria editada y la postergación del presente.
Hay una escena que el psicólogo y escritor Gabriel Rolón describe seguido y que, según me parece, resume buena parte de lo que conversamos: alguien sentado en un sillón, hojeando una carpeta de fotos viejas, sonriendo con nostalgia mientras afuera pasa la vida. Es una imagen bonita, pero también puede ser una encerrona. Porque a veces, dice Rolón, no se trata tanto de recordar como de quedarse viviendo en el recuerdo. Y eso, advirtió, tiene un costo: el presente se va vaciando de mientras uno insiste en habitar un tiempo que ya no está, o un futuro que todavía no llegó.
En la charla, Rolón repasó una idea que parece sencilla y sin embargo suele dar batalla: los recuerdos y los proyectos pueden acompañar la búsqueda de bienestar, pero no deberían reemplazarla. Cuando la felicidad queda ubicada siempre afuera del momento actual, en una etapa que terminó o en una promesa que aún no se cumple, algo se desordena. Lo dijo con una frase que vale la pena guardar: hay personas que desean más haber sido felices que ser felices.
Los sueños, sí, pero con los pies en el presente
Le pregunté qué lugar les toca a los proyectos en todo esto, y la respuesta fue tranquilizadora para quienes todavía cargan una lista de pendientes. Rolón no vino a tirar abajo los sueños. Al contrario: los proyectos siguen siendo importantes, y la expectativa de encontrar cosas buenas más adelante también. Lo que puso en cuestión es la postergación permanente, esa costumbre de decirse uno mismo que ya va a disfrutar, que ya va a parar, que ya va a sentirse bien. Intentemos algo aquí, ahora, propuso. La búsqueda de bienestar, insistió, no puede quedar siempre suspendida hasta que llegue una especie de futuro ideal.
“Intentemos algo aquí, ahora. No nos bajemos de la vida antes de tiempo.”Gabriel Rolón
Esa misma lógica atraviesa lo que dijo sobre el pasado. Para el psicólogo, reconocer que hubo momentos felices no es un error ni una debilidad: al contrario, permite entender el recorrido personal, dimensionar los esfuerzos que se hicieron, valorar los vínculos que se construyeron. Esas experiencias conservan su valor aunque ya no puedan recuperarse tal como fueron. Recordarlas, dijo, aporta sentido a la propia historia.
La memoria como una foto editada
Ahora bien, Rolón señaló un detalle que a mí me dejó pensando: la memoria no guarda una versión intacta de lo que pasó. Hacemos como una edición, un photoshopeo de los recuerdos, describió, y lo ilustró con ejemplos que cualquiera puede reconocer. Es común que alguien recuerde a sus padres ya fallecidos con mayor nobleza o sensibilidad de la que mostraban en vida, o que reconstruya la infancia como una etapa más bella de lo que efectivamente fue. No lo dijo como una denuncia: es un mecanismo humano, casi inevitable. El problema aparece cuando uno se queda demasiado tiempo mirando esa versión mejorada.
Cuando terminamos la conversación, volví a pensar en esa escena del sillón y la carpeta de fotos. Me quedó dando vueltas una idea que Rolón repitió de distintas formas a lo largo de la charla: los recuerdos y los proyectos pueden ser compañía, pero no deben volverse refugio. Si uno se pasa la vida añorando haber sido feliz o esperando el momento justo para empezar a sentirse bien, corre el riesgo de bajarse de la vida antes de tiempo. Y eso, justamente, es lo que él pidió evitar.
