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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Fito Páez volvió al piano en la tele y se sinceró con un sueño que todavía no cumplió

El rosarino pasó por Otro día perdido, repasó sus clásicos y contó por qué quiere aprender a dirigir una orquesta. También habló de Charly García y de un recuerdo que lo sigue interpelando.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 23 d
Fito Páez volvió al piano en la tele y se sinceró con un sueño que todavía no cumplió

“Yo no te pido que me levantes del suelo donde me dejaste caer, sólo te pido que si me ves caer, alargues tu mano para no verme caer”. La frase, dicha por Fito Páez en alguna entrevista de los años noventa, vuelve a sonar como una declaración de principios cada vez que el rosarino se sienta frente a un piano. Esta vez le tocó hacerlo en Otro día perdido, el ciclo de Mario Pergolini, donde volvió a mostrarse más cerca del músico que del personaje mediático y se permitió, incluso, hablar de los proyectos que todavía le faltan.

La visita combinó canciones de su repertorio con recuerdos de su formación sobre el escenario, y dejó entrever un Fito curioso, algo inusual en una carrera que lleva más de cuatro décadas. En la mesa estaban, además de Pergolini, Evelyn Botto y Agustín “Soy Rada” Aristarán, que se animaron a pedir temas para el cierre.

Una orquesta como horizonte

“Me apasiona la máquina orquestal y cómo funciona.”Fito Páez, en Otro día perdido

Esa frase, breve y casi casual, abrió una de las conversaciones más interesantes de la noche. Páez contó que tiene entre sus intereses aprender a dirigir una orquesta, un deseo que, en su caso, no parece una veleidad ni un capricho de estrella con tiempo libre. El propio músico lo enmarcó como una curiosidad casi artesanal: entender cómo se articulan las secciones, cómo se respira en una formación de esa envergadura, qué hace falta para que una masa de instrumentos funcione como un solo cuerpo.

El comentario se encadenó con un repaso de su trayectoria y de sus influencias, pero sobre todo dejó en el aire una imagen potente: la de un compositor que lleva años escribiendo para orquestas sinfónicas, como hizo en sus discos más ambiciosos, y que aun así siente que le falta aprender el oficio del podio. Es un detalle menor para algunos, enorme para cualquiera que haya visto de cerca un ensayo sinfónico.

Charly, de espaldas y una melena en movimiento

Pergolini le preguntó por qué, en una gira que compartieron, Charly García tocaba de espaldas al público. Páez arrancó con el tono que mejor le sale cuando quiere sacarse un tema de encima sin desatenderlo del todo: “Hay que preguntarle a Charly”. Después, ya en serio, aclaró que el propio García nunca había terminado de explicar aquella decisión, aunque él la leía como una decisión escénica con todas las letras.

Para Páez, aquella disposición respondía a una idea visual muy concreta: que el público viera una melena en movimiento, un en movimiento, una silueta reconocible antes que una cara. También señaló que esa experiencia le había servido como aprendizaje. “Me sirvió porque aprendí un montón”, resumió, en una de esas frases cortas que en él siempre suenan a declaración postergada.

La memoria de las canciones que se escurren

  • Páez recordó un concierto propio de unos quince años atrás, íntegramente dedicado a temas de García, que él consideraba archiconocidos.
  • Se topó con una sorpresa incómoda: buena parte del público no terminaba de reconocerlos en el momento.
  • A partir de ese episodio, planteó una preocupación más amplia por el lugar que ocupa ese repertorio en la memoria cultural argentina.
  • La reflexión dejó flotando una pregunta que excede a Charly: qué hacemos con las canciones que damos por sabidas y que, sin embargo, se nos van.

El cierre volvió a poner las canciones en primer plano. Páez regresó al piano e interpretó temas que le solicitaron Pergolini, Botto y Rada, en una secuencia que funcionó como recordatorio de por qué sigue siendo uno de los grandes conversadores musicales del país: porque no esquiva la pregunta y porque, cuando se sienta al piano, cumple.

Si me permiten la recomendación de siempre, me quedo con la versión cruda de “Al lado del camino” que tocó en el programa, sin más artilugio que su voz y un piano bien cerca del micrófono. Es una manera hermosa de empezar a entender por qué Fito Páez, a esta altura, todavía se permite soñar con aprender algo nuevo.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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