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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Fito Páez plantó bandera en Mar del Plata: cuando la seguridad se excede con el público, el escenario se convierte en tribuna

El músico rosarino frenó su show en el Polideportivo Islas Malvinas para cuestionar al personal que obligaba a los asistentes a permanecer sentados. La producción reconoció fallas en el operativo y el artista redobló la apuesta desde sus redes. Una discusión que excede lo artístico y atraviesa a toda la escena de los recitales con localidades numeradas.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 11 d
Fito Páez plantó bandera en Mar del Plata: cuando la seguridad se excede con el público, el escenario se convierte en tribuna

Me acosté con la certeza de que algunas noches de rock sirven, ante todo, para recordar por qué uno sigue eligiendo estar ahí, parado frente a un escenario, aunque la espalda ya no acompañe como antes. La velada de Fito Páez en Mar del Plata dejó una de esas imágenes que vale la pena conservar: la de un artista que, en plena función, decide dejar la música en segundo plano para defender a su público. "No son policía, loco, son seguridad. No pueden tocar a la gente", soltó frente a un Polideportivo Islas Malvinas que estalló en aplausos cuando entendió que el reclamo iba en su nombre.

Lo que empezó como una observación del cantante se transformó, en cuestión de minutos, en el centro de la noche. Fito venía repasando su repertorio ante un estadio colmado cuando advirtió que varios espectadores eran obligados a sentarse por efectivos de seguridad. Cantó, miró, y volvió a cantar, pero el tema se le había atravesado. Volvió a tomar el micrófono, pidió al público que no se dejara "avasallar" y dejó su frase más filosa, esa que después retumbaría en todas las redes: la advertencia de que hay una delgada línea entre custodiar y apretar.

Un operativo con zonas distintas y una consigna que se torció

El recital se montó con el formato habitual de los shows con entradas numeradas: distintas secciones, distintos precios, y la obligación de que cada quien ocupe el lugar que pagó. Desde la producción explicaron que el operativo de seguridad tenía como objetivo evitar que los asistentes abandonaran sus filas para acercarse al escenario, algo que suele ocurrir cuando la euforia colectiva empuja hacia adelante.

La instrucción, en teoría, era razonable: que cada espectador pudiera pararse, bailar y cantar dentro de la localidad que había adquirido, sin que nadie invadiera espacios de mejor ubicación. El problema fue cómo se tradujo esa directriz en la práctica. "Algunos trabajadores pueden haber interpretado mal la indicación", reconocieron desde la organización, que admitió que se impartieron nuevas órdenes durante el mismo show para que el control de las ubicaciones no derivara en pedidos de que el público permaneciera sentado.

Las dos versiones que conviven en las redes

“Exploté y no me arrepiento de una sola palabra que dije con la adrenalina en sangre.”Fito Páez, en sus redes sociales

Después del show, la producción distintos mensajes. Algunos espectadores se quejaron por la interrupción y por la reacción del músico; otros, en cambio, agradecieron el gesto y reclamaron que se respete el asiento que compraron, molestos porque personas de filas posteriores avanzaban hacia sectores más cercanos al escenario. Fito retomó el episodio en sus redes, aclaró que el personal cuestionado no había sido contratado por sus representantes y cerró con una frase que funcionó como resumen de su postura: defendió dicha en el escenario, sin pedir disculpas.

  • El reclamo de Fito Páez se produjo durante su recital en el Estadio Polideportivo Islas Malvinas de Mar del Plata, con localidades numeradas y distintos precios por sector.
  • La producción señaló que el operativo buscaba impedir que el público avanzara hacia zonas más cercanas al escenario y reconoció que la consigna fue malinterpretada por parte del personal.
  • El músico pidió al público que no se dejara "avasallar" y sostuvo después, en redes sociales, que no se arrepentía de "ni una sola palabra".
  • Tras el show, circularon quejas divididas: hubo asistentes que cuestionaron la reacción del artista y otros que defendieron que se respete el lugar adquirido por cada entrada.

Si me preguntan a mí, lo que pasó en Mar del Plata no fue un capricho de estrella ni un acto de marketing: fue un músico de toda la vida recordándole a un operativo que cuidar al público no es lo mismo que disciplinarlo. Vale la pena quedarse con esa imagen, porque resume algo que muchas veces olvidamos: en un recital, el verdadero protagonista no es el que canta arriba del escenario, sino la gente que bajó del banquito para escucharlo. Mi recomendación, para quienes asistan a shows con localidades numeradas, es clara: respeten el lugar que compraron, pero también que nadie les arrebate el derecho legítimo de pararse y emocionarse. Y si alguien en el operativo se excede, que se sepa, como supo Fito esa noche, que el micrófono también sirve para eso.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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