El viento de Junín le sopla de frente a un River que ya no puede pestañear
Postergado con el torneo ya en llamas, el partido de esta noche en Junín se transformó en una final anticipada para el Millonario, que sigue afuera de los ocho y a seis puntos del boleto a la Libertadores. Mientras tanto, el nombre de Ramón Díaz vuelve a circular en Núñez como un fantasma con carpeta caliente.
A veces el calendario hace trampa. Un partido postergado, guardado en un cajón durante meses, aparece justo cuando menos conviene y se transforma en una final disfrazada de fecha común. Eso le pasa hoy a River, que visita a Sarmiento en Junín con la tabla del Clausura pisándole los talones y la clasificación al playoff todavía como una promesa incumplida.
Seamos sinceros: el presente del equipo no invita a la calma. Con Leonardo Ponzio al mando desde hace un puñado de fechas, el balance es de cuatro victorias y una derrota, números que parecen decentes hasta que uno mira la tabla y descubre que el Millonario sigue afuera de los ocho que avanzan al playoff y a seis unidades del puesto que reparte el pasaporte a la Copa Libertadores. La punta queda lejos, pero peor es el ruido que se acumula en cada silencio.
Una final con horario de miércoles
El cruce contra Sarmiento en Junín dejó de ser un trámite y se volvió un examen con mayúsculas. Un triunfo mantiene viva la ilusión de pelear por el playoff del Clausura; un tropiezo, en cambio, cierra casi definitivamente cualquier chance de meterse entre los ocho cuando queden tres fechas por jugarse. La urgencia ya no se disimula.
Y mientras la pelota rueda en Junín, en los pasillos de Núñez vuelve a sonar un nombre que parecía archivado: Ramón Díaz. El chaqueño, que dirigió al club entre 2012 y 2014, antes de la era Gallardo, aparece otra vez como opción concreta para el banco después de que su hijo Emiliano publicara una carta en la que contó que rechazó hacerse cargo de Corinthians para estar a disposición del viejo y, según sus palabras, cumplirle un sueño. La dirigencia no descartó la posibilidad y el nombre quedó dando vueltas, aunque por ahora no pasó de eso: un rumor con peso propio.
El eventual regreso de Ramón implicaría, claro, un movimiento de piezas: Ponzio, cuyo proyecto sigue bajo evaluación permanente, quedaría en el ojo de la tormenta. Hoy, el interrogante pasa por otro lado: con el regreso de Almada a la titularidad, la duda en la formación es si el que cede el lugar es Lautaro Pereyra, de buen rendimiento en el partido anterior, o Galván. Decisiones de pasillo que, en este contexto, pesan como declaraciones de principios.
- River visita a Sarmiento en Junín por un partido postergado del Clausura, con la clasificación al playoff todavía pendiente.
- El equipo está afuera de los ocho y a seis puntos del puesto de Copa Libertadores, con Ponzio como DT interino tras cinco fechas.
- Una victoria mantiene chances de playoff; un tropiezo las liquida a tres jornadas del cierre.
- Vuelve a sonar Ramón Díaz como candidato al banco, tras la carta de su hijo Emiliano sobre Corinthians.
- Duda en la formación: con Almada de regreso, Pereyra o Galván pelean por el lugar que queda libre.
- Después de Junín, viene el Superclásico ante Boca en la Bombonera, programado para el primero de noviembre.
El horizonte inmediato tiene un nombre propio y un escenario que duele: el Superclásico en la Bombonera, programado para el primero de noviembre. Para entonces, River llegará con la tabla anual comprometida y justamente con Boca como el ocupante del boleto a la Libertadores que el Millonario necesita recuperar. Hay duelos que parecen escritos por el destino, aunque a veces el destino solo se aprovecha de los equipos que llegan golpeados.
Esta noche, en una cancha que suele ser ingrata para los grandes, River necesita algo más que tres puntos: necesita una señal. El próximo compromiso será justamente en la Bombonera, el sábado primero de noviembre, en lo que ya se perfila como mucho más que un partido. Pero eso será después. Primero, Junín. Primero, el viento.
