El viaje que una escuela técnica neuquina se mandó a armar: 37 pibes van a conocer una planta de Ford con el esfuerzo de todos
Alumnos de sexto año de la EPET 17 juntaron plata con bingos, sorteos y ventas de pollo para visitar fábricas en Buenos Aires. Salen el lunes y todavía les falta una cifra que ronda los 15 millones de pesos. Cuentan cómo lo vivieron, qué van a ver y por qué cada peso cuenta.
Me imagino la escena y se me dibuja una sonrisa inevitable: un grupo de pibes de sexto año, mochilas todavía sin armar, papeles fotocopiados en la mano y una cuenta bancaria que no termina de cerrar. En Neuquén, en el barrio Gregorio Álvarez, la EPET 17 está a punto de mandar a treinta y siete estudiantes de Autotrónica a conocer una planta de Ford en General Pacheco. El colectivo de la ilusión es grande y todavía hay un hueco en el presupuesto que la comunidad educativa intenta tapar antes del lunes.
Lo que tengo frente a mí es lo que me contó Patricio Fontenla, maestro de enseñanza práctica, que junto con otros docentes y las familias viene empujando esta movida desde mitad de año. La idea fue juntar la plata entre todos. Hubo bingos, hubo sorteos, hubo venta de pollos, y con eso se pagó lo más caro: los pasajes de avión ida y vuelta, el transporte terrestre en Buenos Aires y la mitad del alojamiento. Lo que aún falta, según me confiaron, ronda los 15 o 16 millones de pesos, un número que asusta pero que está al alcance si la gente se pone en campaña una vez más.
Qué van a hacer en Buenos Aires
- Recorrer la planta de Ford en General Pacheco, donde se ensamblan vehículos con la electrónica que los chicos estudian en el taller.
- Visitar una fábrica de cajas de cambio en Bella Vista.
- Pasar por el Museo del Automóvil Club Argentino, el Obelisco y la Casa Rosada.
- Vivir, para varios de ellos, el primer viaje en avión y la primera vez en la Ciudad de Buenos Aires.
Quiero poner el foco en algo que me parece importante: la mayoría de estos pibes ya hizo pasantías y tiene roce con talleres y concesionarias. Pero la diferencia entre desarmar un tablero en la escuela y ver una línea de montaje a escala industrial es la misma que hay entre mirar fotos de la luna y pisarla. Por eso el viaje importa tanto y por eso la escuela se la juega. La EPET 17 tiene un taller con elevador y herramientas donadas por empresas del rubro, y los docentes saben que esta visita puede ser el empujón que les falte para que varios de estos chicos decidan terminar la formación y quedarse en el oficio.
Ahora bien, el reloj corre. Parten el lunes, así que cualquier ayuda llega justo. Quienes quieran sumarse pueden transferir al alias bingo.epet17, una cuenta a nombre de Claudia Arrieta, una de las referentes de la comisión que viene llevando adelante la colecta. No es un gesto menor: es la diferencia entre que estos chicos vuelvan con una anécdota o vuelvan con un recuerdo que les marque la carrera.
Me quedo pensando en lo que más me gusta de esta historia, y es lo de siempre: cuando la educación técnica se sostiene con el esfuerzo de las familias y los vecinos, cuando un maestro se pone al frente y cuando los pibes no esperan que les regalen nada, la Argentina funciona un poquito mejor. Ojalá el lunes, cuando el avión despegue, la cuenta ya esté en cero y el viaje valga el doble.
