El último viaje de Rubén Rada: una despedida en candombe y la promesa de más de diez discos que aún no escuchamos
Su hija Lucila escribió una carta pública en la que repasó los momentos finales junto al músico, el velatorio en el Palacio Legislativo y el cortejo que llenó las calles de Montevideo. También confirmó que el artista dejó una producción inédita que la familia piensa difundir de manera gradual.
Hay despedidas que empiezan con un silencio y terminan con una procesión de tambores, y la de Rubén Rada fue exactamente así. Como él mismo cantó en Muriendo de plena, cuando la vida aprieta, lo mejor que podemos hacer es ponernos a bailar: porque total, de todas formas, estamos muriendo de plena. Esa filosofía, que sonó como un testamento musical en los últimos años, fue la que terminó marcando el tono de la despedida del músico uruguayo, fallecido el miércoles 26 de agosto en Montevideo, a los 82 años, y que su propia familia tradujo en una extensa carta pública escrita por su hija mayor, Lucila Rada, donde reconstruyó cada uno de los momentos que rodearon al instante final, al velatorio en el Palacio Legislativo y al cortejo multitudinario por las calles de la ciudad.
El instante 0 y el km 0: cuando el duelo deja de ser íntimo
Lucila Rada describió con una precisión casi clínica el momento en que la familia comprendió que había llegado la hora. Lo llamó el instante 0, un punto que ella misma reconoció como el más doloroso de todo el proceso, y alrededor del cual estuvieron reunidos, presentes, sosteniéndole la mano mientras él partía. Antes de que ocurriera, según contó su hija, le hablaron, le dijeron lo que iban a sentir con su ausencia y repasaron lo que él había dejado en cada uno. Y la conclusión fue, palabras más palabras menos, que a Rubén Rada no le había quedado pendiente ni un solo gesto de amor, de generosidad, de humor ni de talento: se fue habiéndolo dado todo, con la expresión que su hija describió como pacífica y satisfecha, como de alguien que cierra un capítulo sabiendo que no le quedó nada en el tintero del afecto.
“Nos dimos cuenta de que el dolor era generalizado. Lo que empezó como un duelo familiar se transformó en un campo magnético de afecto que fue muchísimo más allá de nuestra casa.”Lucila Rada
Cuando los Rada salieron de la sala, los teléfonos ya estaban saturados de mensajes, y ahí fue cuando el duelo dejó de ser algo íntimo para convertirse en lo que Lucila bautizó como el km 0 de un camino colectivo. La frase no es menor: lo que empezó puertas adentro se transformó en una marea que incluyó a varias generaciones y a gente de los más variados sectores, y que la propia familia describió como un abrazo a escala de ciudad. Es que cuando se va alguien como Rada, uno de los fundadores del candombe moderno y de una manera de cantar que es tan montevideana como el mate compartido a la tardecita, el duelo deja de pertenecerle solo a la familia y pasa a ser, de algún modo, patrimonio de todos.
Velatorio en el Palacio y un cortejo que fue una fiesta en movimiento
- El velatorio se realizó en el Palacio Legislativo, donde pasaron personas de todas las edades y procedencias. Hubo abrazos, ofrendas, llanto compartido y también risas, y en varios momentos la voz de Rada volvió a sonar en el salón, con trechos que derivaron en baile espontáneo.
- El cortejo partió luego por la calle Isla de Flores hasta el Cementerio del Norte, encabezado por un círculo de tambores que marcó el pulso de toda la caravana, en línea con lo que el propio Rada había expresado sobre cómo quería ser recordado.
- Entre las imágenes que más quedaron en la memoria de la familia figuran dos jóvenes que siguieron la procesión en monopatín con un parlante, varias personas con prendas rojas y un marco de candombe que sostuvo el ritmo desde el primer hasta el último paso.
- La familia agradeció públicamente a las autoridades del Palacio Legislativo por haber comprendido la dimensión del homenaje y ceder el espacio, entendiendo que una figura como Rada no se despide en cualquier parte.
El legado sonoro: más de diez discos que todavía no escuchamos
La carta de Lucila Rada terminó, y acá viene lo que a mí me parece la noticia más importante para los que todavía estamos digiriendo la pérdida, con un anuncio que deja la puerta abierta de par en par. Rubén Rada se fue dejando más de diez discos sin publicar, una producción inédita que la familia ya se comprometió a hacer llegar al público de manera gradual. Es decir: lo que nosotros asociamos con su obra terminada, con esa discografía que va desde El tungue hasta los últimos trabajos con su banda, en realidad era apenas una parte. El Rada que conociamos era enorme, pero el Rada que falta todavía asomar a las plataformas, si me permiten la imagen, es una montaña entera que sigue escondida debajo del agua, y eso, lejos de cerrar el duelo, lo convierte en una espera activa, en un motivo para seguir atentos a los próximos meses.
Les confieso que, mientras leía la carta de Lucila, no pude evitar pensar que ese instinto de Rada de seguir grabando hasta último momento habla mucho de quién fue como artista. Hay gente que cuando se acerca al final se repliega, y hay gente que se entrega más todavía, como si supiera que cada sesión de estudio puede ser la última, y Rada claramente perteneció a la segunda camada. Por eso, más allá del dolor lógico que implica perder a alguien de su tamaño, lo que yo les recomendaría hoy es algo casi contradictorio: en lugar de quedarse llorando, vuelvan a poner Muriendo de plena a todo volumen, busquen los discos que ya circularon, y vayan preparándose, porque lo que viene en los próximos años bien vale la pena esperarlo con el ánimo abierto, en esa lógica conciliadora y profundamente humana que él predicó toda la vida.
