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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El médico que desarma, paso a paso, el miedo a subirse a un avión

Conrado Estol repasó qué es lo que dispara la ansiedad mucho antes de despegar y por qué las turbulencias en cielo despejado suelen ser las más desconcertantes. También explicó por qué el alcohol no es un aliado.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 22 d
El médico que desarma, paso a paso, el miedo a subirse a un avión

Me lo imagino a usted leyendo esto con la valija todavía sin armar y una pregunta dando vueltas: ¿y si me toca una turbulencia de esas que parece que se cae el mundo? A mí, la primera vez que me subí a un avión después de mucho tiempo, me pasó exactamente eso: el corazón se me subió a la garganta cuando el avión empezó a temblar con el cielo completamente limpio. Por eso me llamó la atención lo que contó el neurólogo Conrado Estol, porque puso en palabras algo que muchos pasajeros sienten pero pocos se animan a decir en voz alta.

Antes de hablar de cifras, el médico arrancó por el costado humano del asunto. Dijo que el miedo a volar muchas veces empieza bastante antes del embarque: en los controles del aeropuerto, en la cola de migraciones, en la preocupación por llegar tarde. Esa anticipación del viaje, según explicó, va cargando el cuerpo de ansiedad y, cuando uno finalmente se sienta en el asiento, llega ya con el sistema de alerta encendido. Lo interesante es que reconoció que la claustrofobia también puede meterse en el medio y complicar todavía más las cosas.

Mirar el cielo desde la pantalla

Para empezar a desarmar ese miedo, Estol propuso algo tan simple como abrir una aplicación de seguimiento de vuelos. La idea, me dijo, no es mirar obsesivamente cada avión que pasa, sino dimensionar cuántos aparatos están volando en simultáneo en el mundo. Cuando uno ve esa sopa de puntos amarillos moviéndose sobre el mapa, el viaje propio deja de sentirse como una excepción riesgosa y pasa a ser uno más dentro de una rutina diaria. Parece un detalle menor, pero el ejercicio apunta a poner en perspectiva el riesgo: la probabilidad de tener un problema serio en un vuelo comercial sigue siendo muy baja, aunque la cabeza no lo registre así.

Turbulencias con cielo despejado y por qué se hacen eternas

Una de las cosas que más me resonó de la charla fue la distinción que hizo el neurólogo entre dos tipos de sacudidas. Están las turbulencias asociadas a tormentas, que el piloto puede anticipar y rodear, y están las que aparecen en aire claro, cuando por la ventanilla se ve un cielo impecable. Esas son, para mí, las más desconcertantes, porque no le un motivo visible. Y ahí entra otro punto clave: según Estol, los episodios fuertes suelen durar segundos o, en el peor de los casos, apenas unos minutos. Lo que los estira hasta parecer una eternidad es la expectativa del pasajero, que imagina que la situación se va a repetir durante horas. Como comparación, el médico sugirió prestar atención a los movimientos que uno tolera sin chistar en un tren y pensar por qué el cuerpo reacciona distinto en el aire.

Sobre el final, Estol fue claro con un consejo que muchos pasajeros se tentamos de seguir: nada de alcohol para sobrellevar el miedo. Explicó que, lejos de ayudar, puede desordenar el sueño y dejar al cuerpo deshidratado justo cuando uno más necesita estar entero. La idea de fondo, me quedó dando vueltas, es que el temor no tiene por qué terminar condicionando unas vacaciones o un viaje de trabajo. Si la cabeza se prepara antes, las turbulencias se atraviesan de otra manera. Y si alguna vez le pasa como a mí, que el avión tiemble con el cielo limpio, recuerde: suelen ser segundos, no horas, y hay cientos de aviones volando al mismo tiempo sin que pase nada.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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