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Viernes, 16 de octubre de 2026
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El fantasma de Jay Gatsby: la decisión que Jack Nicholson nunca pudo dejar atrás

A sus 89 años y lejos de los sets desde 2011, el actor todavía carga con la espina de haber dicho que no al personaje que, según su propio entorno, parecía escrito para él. El papel terminó en manos de Robert Redford y la historia del cine se reconfiguró de un modo que todavía da para discutir.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 4 d
El fantasma de Jay Gatsby: la decisión que Jack Nicholson nunca pudo dejar atrás

Hay una frase de F. Scott Fitzgerald que uno suele tener guardada para los días en que la suerte parece esquiva: "Así seguimos remando, botes contra la corriente, arrastrados sin cesar hacia el pasado". A los 89 años, retirado de la actuación desde 2011 y convertido en una de esas figuras a las que uno ya imagina más en la memoria que en la pantalla, Jack Nicholson bien podría aplicar esa imagen a uno de los capítulos más caros de su biografía profesional: la vez que dijo que no a Jay Gatsby, el personaje que desde los 18 años su círculo íntimo le venía señalando como un traje a medida, y que terminó luciendo Robert Redford en la adaptación que Jack Clayton llevó a los cines en 1974.

Lo cuenta el propio Nicholson, sin demasiados adornos, cada vez que el tema vuelve a la conversación: de todos los papeles que rechazó a lo largo de una carrera que incluye títulos enormes como "Chinatown", "Alguien voló sobre el nido del cuco" y "El resplandor", el único al que califica como "verdaderamente excepcional" es justamente ese. Lo que llama la atención es que, a diferencia de otras decisiones de su historial, aquí no hubo una declaración altisonante ni un desplante a un director. Hubo, según sus propias palabras, razones personales que eligió no detallar, un silencio que a esta altura ya forma parte del mito.

El casting que parecía escrito

Lo que sí se conoce es la película detrás de la película, esa cocina de idas y vueltas que termina definiendo tanto a las obras como a los artistas. El primer nombre que se anotó en la libreta fue el de Warren Beatty, que también declinó. Después llegó el turno de Nicholson, que según se fue reconstruyendo con el tiempo tenía reparos para trabajar junto a Ali MacGraw, que en ese momento estaba casada con el productor Robert Evans, una de las figuras más influyentes del Hollywood de la época. Sin acuerdo posible, la búsqueda siguió y pasó por Marlon Brando, que fue evaluado muy seriamente antes de que el papel recalara en Redford. Y como en estas historias todo se entrelaza, la elección de Daisy tampoco fue un dato menor: terminó en Mia Farrow, después de que Evans y MacGraw se divorciaran.

  • Warren Beatty fue el primer convocado y rechazó el papel.
  • Jack Nicholson tenía reparos por la relación entre Ali MacGraw y el productor Robert Evans.
  • Marlon Brando fue considerado en serio antes de la confirmación definitiva.
  • Robert Redford terminó interpretando a Jay Gatsby en la versión de 1974.
  • Mia Farrow quedó como Daisy tras el divorcio de Evans y MacGraw.

Lo que vino después para Nicholson ese mismo 1974 tiene esa ironía que solo la vida real es capaz de escribir: mientras Redford se ponía la camisa de lino blanco de Gatsby y la crítica debatía si la adaptación de Clayton hacía justicia a Fitzgerald, él estaba en otra película que terminó cambiando su lugar en la historia. Me refiero a "Chinatown", de Roman Polanski, donde compone a ese detective privado que parece estar siempre a un paso de la verdad y a varios pasos de su propia perdición. La película no le dio el Oscar ese año (la estatuilla fue para Art Carney por "Harry y tonto"), pero con el tiempo se convirtió en una de esas obras que uno vuelve a ver cada tanto y sigue encontrando cosas nuevas, como pasa con los clásicos que de verdad lo son.

“De todos los papeles que rechazó en su carrera, el único "verdaderamente excepcional" fue el de Jay Gatsby.”Jack Nicholson

medio siglo después, con Nicholson ya retirado y Redford convertido en una leyenda que administra con elegancia su propio legado, la pregunta sigue ahí, latiendo como una de esas melodías de fondo que uno no puede sacarse de la cabeza: ¿hubiera cambiado algo en la historia del cine si Nicholson hubiese aceptado? Mi lectura, que es solo eso, una lectura, es que probablemente no: el catálogo del actor es tan vasto y tan rico que un título más o menos no modificaría el lugar que ocupa. Pero también creo que en estas decisiones se juega algo más profundo, algo que tiene que ver con los rencores que uno se deja colgando y con la forma en que la memoria los va trabajando de a poco. Si tengo que recomendarles algo esta semana, les sugiero hacer lo que yo hago cada vez que elijo una película para el fin de semana: poner "Chinatown" un viernes, para reconocer al Nicholson que fue, y dejarse tentar por el Gatsby de Redford un sábado, para asomarse al personaje que nunca terminó siendo. Las dos películas se iluminan mutuamente, y de paso dejan pensando sobre esas encrucijadas que, como diría el propio Fitzgerald, nos arrastran sin cesar hacia el pasado.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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