Dos esquiadores, una avalancha y la montaña que avisa cuando no la escuchan
Una corrida de nieve en el filo posterior del Cerro Chapelco rozó a dos personas que bajaban por una zona no habilitada. La escena, registrada por casualidad, reabre la discusión sobre los límites que muchos esquivan en la montaña.
Son casi las cinco de la tarde del jueves y el Cerro Chapelco muestra ese contraste que solo aparece en pleno invierno: nieve reciente en las pistas, viento arrastrando copos sobre el filo y una luz que empieza a volverse dorada sobre la ladera. En ese escenario, una masa de nieve se desprende desde el sector posterior del filo, a casi mil novecientos ochenta metros sobre el nivel del mar, y empieza a bajar por la pendiente con esa velocidad implacable que tienen las avalanchas. En su camino se cruzan dos esquiadores que descienden en zigzag por una zona que no está habilitada para la práctica del deporte. Los dos logran apartarse a tiempo. Salen ilesos.
Un episodio que quedó filmado
La secuencia fue registrada de manera casual por personas que estaban en las inmediaciones y las imágenes muestran, según el material al que tuve acceso, la velocidad con la que el frente blanco avanzó ladera abajo. No fue un deslizamiento menor: la masa se desprendió desde la parte más alta del cerro y bajó engrosándose a medida que incorporaba nieve a su paso. Los dos esquiadores quedaron a pocos metros del alcance de la corrida y, por lo que se observa, reaccionaron con la rapidez que muchas veces marca la diferencia entre un susto y una tragedia.
Una vez detectado el desprendimiento, el complejo activó el protocolo de seguridad. El operativo apuntó a mantener despejado el área, impedir el ingreso de otras personas y comenzar los trabajos de evaluación de la estabilidad de la montaña. Las autoridades locales remarcaron que en esa zona no hubo personas heridas y que la prioridad fue cortar el acceso hasta confirmar que no quedara riesgo de nuevos desprendimientos.
Por qué se mueve la nieve
Las avalanchas se producen cuando una masa de nieve pierde estabilidad sobre una pendiente. Entre los factores que las desencadenan aparecen la acumulación de capas de nieve con distinta consistencia, los cambios bruscos de temperatura, el viento que redistribuye el manto hacia determinados puntos del terreno y, sobre todo, la inclinación de la ladera. El paso de personas por sectores no habilitados puede sumar la sobrecarga que termina de romper el equilibrio.
- Acumulación de capas de nieve con diferente densidad y cohesión.
- Variaciones de temperatura que debilitan la adherencia entre capas.
- Viento que forma cornisas y placas en zonas puntuales.
- Pendientes pronunciadas que favorecen el deslizamiento.
- Peso extra, como el de esquiadores o snowboarders, que actúa como detonante.
Después de nevadas intensas, el viento redistribuye la nieve hacia ciertos puntos de la ladera y forma acumulaciones que pueden volverse inestables si la adherencia entre capas es débil. Por eso los centros de esquí delimitan con precisión las zonas seguras, las marcan con señales y balizas, y recomiendan con insistencia no abandonarlas. En el caso de Chapelco, las autoridades recordaron que el filo es uno de los puntos más altos del cerro y que el sector posterior no está señalizado ni autorizado para la práctica del esquí. La recomendación es permanecer dentro de las áreas habilitadas y respetar las indicaciones del personal especializado, que conoce cómo se va modificando el manto a lo largo de la jornada.
Me quedo pensando en los dos protagonistas de esta historia mientras terminan de evaluar la montaña. Bajaban por donde no debían y la montaña les avisó, con esa silenciosa que tiene la nieve cuando se mueve, que no se trata solo de un deporte. La temporada en Chapelco se extiende hasta el 30 de septiembre y todavía quedan semanas de buenas nevadas. La pregunta, en el fondo, no es técnica sino de sentido común: ¿tomás recaudos especiales cuando esquiás o caminás en la montaña fuera de las pistas señalizadas?
