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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Dolina, el hombre al que la UBA le entregó un Honoris Causa sin pedirle que dejara de contar historias

La Facultad de Ciencias Sociales lo distinguió como Doctor Honoris Causa y, en una jornada que mezcló academia y velorio festivo, el escritor y conductor volvió a hacer lo que mejor sabe: convertir la solemnidad en tertulia.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 41 d
Dolina, el hombre al que la UBA le entregó un Honoris Causa sin pedirle que dejara de contar historias

Lo escuché decir una vez, en una de esas noches en que la radio parece un faro encendido en medio de la madrugada, que la venganza nunca termina de ser terrible del todo porque, en el fondo, es una forma de seguir conversando. Y eso fue exactamente lo que ocurrió el viernes por la tarde en el Auditorio de la Facultad de Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires, en la calle Santiago del Estero, cuando la casa de estudios más antigua del país le entregó a Alejandro Dolina el título de Doctor Honoris Causa, una distinción que la facultad había aprobado por resolución el año pasado y que ahora, finalmente, se materializó en un escenario colmado de público, de curiosos y, sobre todo, de fieles.

El reconocimiento llegó después de un Laudatio a cargo de Larisa Kejval, directora de la Carrera de Ciencias de la Comunicación, quien repasó los pasos de Dolina por las aulas de Letras, de Historia y de Música de la propia UBA, y enumeró títulos que ya forman parte del canon popular argentino, como Crónicas del Ángel Gris y Notas al pie, junto a premios tan diversos como el Martín Fierro de Oro 2022, cuatro premios Argentores, el Konex Diploma al Mérito de 1991 y la declaración de Ciudadano Ilustre de la Ciudad de Buenos Aires, aquella que recibió en 2001 y que parece un prólogo lejano de lo que pasó esta semana.

Un programa que compite contra sí mismo

Kejval encontró, a mi juicio, la imagen más justa para definir a La venganza será terrible, el ciclo radial que Dolina conduce desde hace más de cuatro décadas: dijo que es uno de los pocos programas que compiten contra sí mismos en términos de audiencia, porque la cuenta oficial del ciclo en Spotify convive con grabaciones subidas por oyentes durante años, con versiones digitales, con cintas perdidas y con recuperaciones casi arqueológicas que los propios fans fueron rescatando del olvido.

“Es el triunfo de la prosa.”Fragmento del Laudatio leído en el acto

La investigadora también reparó en un fenómeno cultural que a mí, como oyente de toda la vida, siempre me pareció el verdadero milagro doliniano. No se trata sólo de que su nombre se haya convertido en adjetivo y hasta en verbo de uso corriente, una operación lingüística que muy pocos logran en cualquier idioma, sino de algo todavía más entrañable: que una plaza del barrio de Flores lleve el nombre de uno de sus personajes, el Ángel Gris, en lugar del suyo propio, y que eso, lejos de parecerle una injusticia, a él lo celebre como quien festeja que la ficción, al fin, se hizo más real que su autor.

La mesa compartida con Gabriel Rolón

Después de la entrega formal, el escenario se reacomodó para un conversatorio entre el propio Dolina y el psicoanalista Gabriel Rolón, una de esas combinaciones que en otro contexto podría sonar improbable, pero que en la gramática cultural porteña resulta casi inevitable: dos voces acostumbradas a escuchar a los demás, dos conversadores seriales que encontraron en la facultad una excusa perfecta para abrir otra vez la puerta de la noche y dejarnos pasar.

Lo que se dijo ahí adentro, entre los mejores y los peores chistes, forma parte de esa tradición oral que el programa viene sosteniendo desde hace más de cuarenta años, y que los oyentes de siempre sabemos que, más temprano que tarde, va a volver filtrada en algún audio compartido, en alguna cita textual de un programa futuro, en algún recuerdo de los que ya peinamos canas.

La UBA, la música y la cultura popular

  • En 2025, la Cátedra de Música Popular de la carrera de Artes distinguió de la misma manera a Charly García, un reconocimiento que vuelve a poner a la universidad frente a los creadores que, sin eufemios, le dieron forma a la identidad sonora del país.
  • Ese mismo año, Carlos Indio Solari recibió el título durante un acto en la Facultad de Ciencias Médicas, apenas veinte días antes de su muerte, lo que le otorgó a la distinción un carácter casi de despedida institucional.
  • La Facultad de Ciencias Sociales, al elegir a Dolina, completó una trilogía que combina rock, folklore académico y radio, y que muestra, en mi lectura, que la UBA está empezando a tomarse muy en serio a la cultura popular como objeto de estudio y como patrimonio.

Cuando salí del auditorio, ya entrada la noche, me crucé con varios oyentes que todavía no terminaban de procesar lo que acababan de vivir. Algunos lloraban sin disimulo, otros se reían como si recién de un programa estuvieran saliendo, y todos, sin excepción, coincidían en lo mismo: hacía mucho que la universidad no se parecía tanto a la esquina, al café, a la radio. Y eso, en un país que suele sospechar de sus instituciones, me parece un pequeño acto de reparación histórica que vale la pena celebrar.

Si me dejan recomendar algo, y sé que la recomendarán igual, esta noche vuelvan a poner La venganza será terrible en el dial o en la pantalla, busquen cualquiera de los tantos archivos que los oyentes fueron subiendo durante años, y déjense llevar por la voz de Dolina, esa que el viernes, en la Facultad de Ciencias Sociales, volvió a quedar registrada como lo que es: literatura oral de la mejor, escrita por un Doctor Honoris Causa que, contra toda academia, sigue sin dejar de contar historias.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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