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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Despertar con el sueño en la boca: cuando la memoria nocturna decide jugarnos una mala pasada

Un estudio reciente sobre 217 adultos seguidos durante quince días describe por qué algunos despiertan con escenas nítidas de lo que soñaron y otros apenas retienen una bruma sin forma. La edad, la mente divagante y la calidad del descanso son claves.

Por Camila AguilarSociedad y vida · · hace 38 d
Despertar con el sueño en la boca: cuando la memoria nocturna decide jugarnos una mala pasada

Son las siete de la mañana y Mariana abre los ojos en su departamento de Caballito. Antes de que suene el despertador ya está ahí: un mercado en una ciudad que no conoce, un puesto de frutas rojas y una conversación con alguien a quien no le ve la cara. Lo recuerda con una nitidez que sorprende. En la casa de al lado, su marido, Gustavo, se levanta sin nada: ni una imagen, ni una sensación, apenas la sospecha de que algo ocurrió durante la noche. Misma cama, misma noche, dos memorias completamente distintas.

Esa escena hogareña es la misma disparidad que durante décadas se atribuyó al puro azar y que ahora empieza a entenderse mejor. Una investigación publicada en la revista Communications Psychology siguió durante quince días a 217 adultos sanos de entre 18 y 70 años y llegó a una conclusión incómoda para los que nunca recuerdan nada: la diferencia entre quienes despiertan con sueños detallados y quienes amanecen en blanco no es caprichosa, sino que responde a factores concretos que mezclan la biografía de cada uno con lo que pasó esa noche particular.

Qué encontró el estudio

  • Actitud atenta hacia los propios sueños: quienes se interesan más por lo que sueñan tienden a recordarlo mejor, probablemente porque están más entrenados en prestarle atención a ese contenido apenas despiertan.
  • Tendencia a la divagación mental, es decir, la inclinación de la mente a encadenar pensamientos de forma espontánea sin anclarse en un foco inmediato. Esa misma costumbre parece trasladarse al terreno onírico y facilitar el recuerdo.
  • Edad: a medida que pasan los años cambia la facilidad para retener el material onírico al despertar, lo que sugiere que la memoria de los sueños no es estable a lo largo de la vida.
  • Vulnerabilidad a la interferencia: cuando al despertar entran estímulos como la luz, el ruido, el teléfono o el primer pensamiento consciente, pueden desplazar el recuerdo del sueño antes de que termine de consolidarse.
  • Estructura del descanso: quienes pasaron más tiempo en fases de sueño liviano y menos proporción de sueño profundo (la etapa N3, asociada a la recuperación física y cerebral) tendieron a despertar con más recuerdos oníricos.

Cada mañana, durante esas dos semanas, los participantes anotaban si recordaban haber soñado y con qué nivel de detalle. En paralelo, el equipo recogió datos demográficos, psicológicos y del sueño mediante dispositivos de monitoreo y pruebas específicas. Lo que vio es que la combinación de todos esos elementos, y no uno solo, parece explicar por qué Mariana se levanta con su mercado ajeno en la cabeza y Gustavo no conserva ni las migas.

Cuando se sabe que se soñó, pero no qué

Hay un segundo hallazgo que me llamó la atención, porque describe algo que seguro muchos lectores reconocerán. El estudio distinguió entre dos experiencias: recordar el contenido concreto del sueño (escenas, acciones, emociones) y lo que los autores llaman sueño blanco, esto es, despertar con la certeza de que algo pasó durante la noche sin poder recuperar ningún detalle. Esa segunda vivencia fue más frecuente en ciertos grupos y sirvió para confirmar algo que a esta altura parece una obviedad pero que conviene repetir: soñar y recordar lo soñado no son lo mismo. El cerebro onírico puede haber trabajado toda la noche y, sin embargo, dejar la memoria en blanco al amanecer.

En cuanto al cierre de esta nota, vuelvo a la escena del principio. A Mariana le gusta anotar sus sueños apenas abre los ojos y, según le cuenta, lleva años haciéndolo. Gustavo, en cambio, se levanta directo a poner la pava para el mate. Uno mira hacia adentro antes de que se borre, el otro sale disparado hacia el día. Tal vez, mirado con los ojos de este estudio, no sea solo una cuestión de carácter: sea también una diferencia en la vulnerabilidad a la interferencia, en la cantidad de sueño liviano de la noche, en la edad o en esa costumbre de divagar que algunos cultivan sin saberlo. Soñar, parece, también es una tarea de la memoria.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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