Darío Giordano rompe el silencio: niega la violencia, pide perdón por no haber estado a la altura y le habla directamente a Valentín
En un comunicado difundido un día después del testimonio público de su hijo, el productor rechazó las acusaciones de maltrato físico y emocional, reconoció las fallas emocionales durante el duelo por la muerte de Romina Yan y reclamó resolver el conflicto en la intimidad, sin cámaras ni mediadores.
Como dice la canción que tantas veces sonó en la casa de los Yankelevich en los veranos de los noventa, hay frases que uno quisiera no tener que decir nunca, y sin embargo a veces la vida las empuja hasta la puerta y no queda otra que abrirlas. Eso parece haberle pasado a un productor obligado a pararse frente al país entero para responderle a su propio hijo, en un cruce de palabras que duele más allá de la pantalla y que reaviva, inevitablemente, el nombre y la ausencia de Romina Yan.
Darío Giordano difundió un comunicado en el que rechaza de manera tajante las acusaciones de violencia física y emocional que Valentín Yankelevich hizo públicas en las últimas horas, en un relato en el que el joven describió situaciones vividas en su hogar durante la infancia y la adolescencia, sobre todo después de la muerte de su madre, ocurrida en septiembre de 2010.
El núcleo del comunicado: un rechazo frontal y un pedido de perdón parcial
“Quiero dejar algo en claro: rechazo las acusaciones de violencia que se me atribuyen. Ni antes ni después del fallecimiento de Romina hubo episodios de esas características en nuestra familia.”Darío Giordano
Giordano describió el impacto devastador que tuvo la muerte de Romina en la vida cotidiana de la familia y reconoció, sin embargo, que el duelo lo desbordó. Aunque es posible que, en ese momento de dolor, yo no haya estado a la altura de lo que él y Franco necesitaban. Les pido perdón por eso, escribió, y aclaró que ese reconocimiento no equivale a admitir los hechos de violencia que su hijo denunció.
- Rechazo total de las acusaciones de violencia física y emocional.
- Reconocimiento de que el duelo por Romina Yan lo desbordó emocionalmente.
- Pedido de perdón a Valentín y Franco por no haber estado a la altura.
- Aclaración de que la falta emocional no equivale a admitir violencia.
- Compromiso de no responder públicamente ni exponer detalles de la vida privada.
- Pedido de que el conflicto se resuelva en la intimidad, sin cámaras ni intermediarios.
En otro tramo del texto, el productor apuntó sin nombrarlos a quienes acompañan o amplifican la versión de su hijo. Los contactos y el poder no convierten una versión en verdad, ni le otorgan a nadie más derecho que a un padre a ser escuchado, sostuvo, en una frase que se lee como respuesta indirecta al entorno familiar y mediático que rodea a Valentín.
El trasfondo familiar: el duelo, los tres hijos y la convivencia con el abuelo
La muerte inesperada y repentina de Romina destruyó el mundo que conocía, confesó Giordano, que debió atravesar ese proceso mientras intentaba acompañar a sus tres hijos, Valentín, Franco y Azul. Valentín y Franco viven desde 2015 con su abuelo materno, Gustavo Yankelevich, año en que la tenencia legal quedó a su cargo hasta que ambos alcanzaran la mayoría de edad, mientras que Azul, la menor, permaneció junto a su padre hasta el año pasado.
En el cierre, el productor dejó una puerta entreabierta al reencuentro. No pretendo ganar una discusión pública. Quiero conservar la esperanza de que algún día podamos hablar de todo esto en la intimidad, sin intermediarios, sin cámaras y sin que nadie necesite hablar por nosotros, concluyó, en un párrafo que parece escrito más con el corazón que con el cálculo.
A mí, como espectadora cotidiana de esta historia que lleva más de una década en la pantalla de los argentinos, lo que más me interpela de este comunicado no es el cruce de acusaciones sino la manera en que se cruzan dos dolores que conviven desde 2010: el de un padre que siente que no alcanza y el de un hijo que siente que no le alcanzaron. Les recomiendo leerlo entero, sin prisa y sin bandeja de cable, porque detrás de cada párrafo hay un duelo que todavía no terminó y que, me temo, no se va a cerrar en una nota ni en un comunicado, sino, si hay voluntad, en una cocina, con una mesa, con la puerta cerrada y el tiempo que haga falta.
