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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Cuando una serie mueve el lápiz del Senado: "Los ensayos", la salud mental de los pilotos y una ley que ya está en marcha

La segunda temporada del programa de Nathan Fielder destapó un vacío en los controles médicos de la aviación comercial estadounidense y empujó a los legisladores, de manera bipartidista, a tratar el tema que el organismo regulador había dejado pasar.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 4 d
Cuando una serie mueve el lápiz del Senado: "Los ensayos", la salud mental de los pilotos y una ley que ya está en marcha

Hay una frase que los pilotos comerciales suelen repetir en los manuales de entrenamiento y que, traducida al idioma de todos los días, dice algo así: un avión se cae por una cadena de errores pequeños, no por un solo error enorme. La segunda temporada de "Los ensayos", la serie de Nathan Fielder, tomó esa máxima al pie de la letra, le dio vuelta como a un guante y terminó exposing una cuestión que el sistema aéreo estadounidense llevaba años mirando de reojo sin animarse a resolver del todo: qué pasa con la salud mental de quienes tienen la responsabilidad de llevarnos a todos en el aire.

La temporada, que se estrenó en abril de 2025, se propuso como punto de partida una pregunta engañosamente simple, vinculada directamente a la seguridad operacional: ¿cómo reducir los accidentes de aviación? Fielder, que ya en la primera entrega de la serie se había metido de lleno en el mundo de los magos para explorar los límites de lo que una persona está dispuesta a hacer cuando siente que la están mirando, eligió esta vez internarse en la trastienda de la aviación comercial, recorrer sus centros de entrenamiento, sentarse con instructores y controladores, y sobre todo acompañar de cerca el proceso de certificación médica al que se someten los pilotos cada cierto tiempo para mantener su licencia vigente.

Lo que la cámara encontró en tierra

Lo que la temporada puso en pantalla fue lo suficientemente perturbador como para que varios equipos legislativos lo tuvieran en cuenta a la hora de redactar proyectos de ley. En concreto, el programa mostró que pilotos que presentaban cuadros de ansiedad o depresión podían, incluso así, superar los controles aeromédicos y obtener o conservar su habilitación para volar. Fielder llevó el experimento hasta un punto que rozó lo insólito: con un diagnóstico ambiguo en la mano, consiguió la certificación que le permitió ponerse a los controles de un Boeing 737, con pasajeros que en realidad eran actores, en una escena que condensó todas las preguntas incómodas que el sistema arrastraba sin responder del todo.

"No sé si sirvió de algo, pero me agrada oírlo", fue la respuesta que el creador le dio a Deadline cuando le preguntaron por el impacto político de su propio programa, una respuesta que combina muy bien la cautela del comediante que no quiere creerse más de lo que es con la satisfacción íntima de saber que algo de lo que mostró en pantalla no quedó en pura anécdota televisiva.

De la pantalla al Capitolio, con escala en los despachos

El recorrido que va de la pantalla al Capitolio no fue, vale aclararlo, un viaje directo ni automático. La serie se emitió en abril de este año y, en los meses siguientes, colaboradores de varios congresistas la citaron de manera explícita al presionar a los legisladores para que avanzaran con una reforma que ya estaba en estudio desde 2024, cuando organismos especializados en salud mental habían pedido a la Administración Federal de Aviación que revisara sus criterios de aptitud. Dicho de otro modo: el debate existía, las preocupaciones técnicas también, lo que la serie hizo fue darle a ese reclamo un punto de referencia visual que ya no se podía pasar por alto.

En septiembre, el Senado de los Estados Unidos aprobó por unanimidad dos proyectos de ley, uno por cada partido, orientados a fortalecer los protocolos de atención psicológica para los pilotos y a facilitar que quienes lo necesiten se acerquen a una consulta sin tener la certeza de que por eso van a perder su licencia de un día para el otro. Las iniciativas, vale señalarlo, todavía deben pasar por la Cámara de Representantes antes de convertirse en ley, un tramo del camino donde ya nada está garantizado, aunque el voto en el Senado sin votos en contra invita, como mínimo, a cierto optimismo moderado.

Una recomendación que se baja del avión y vuelve a la pantalla

Si me permiten una recomendación de casa, en primera persona: vale la pena tomarse el tiempo de mirar esta segunda temporada de "Los ensayos" no como un entretenimiento liviano sino como un pequeño documental travieso que toca una fibra que nos toca a todos, aun a quienes jamás vamos a sentarnos en una cabina de vuelo, porque la pregunta de fondo que deja abierta, la de hasta dónde llega el impacto real de una serie cuando pone el foco en un problema concreto, es la misma que atraviesa buena parte del debate actual sobre el poder cultural de la pantalla chica, ese territorio íntimo donde muchas veces se empieza a discutir, antes que en cualquier otra parte, lo que después el Estado termina escribiendo en un papel con firma de legislador.

Yo, que llevo años escribiendo sobre la frontera movediza entre la cultura popular y la vida cotidiana de la gente, celebro cada vez que un programa de televisión sirve para algo más que para discutirlo en una reseña: celebro, sobre todo, cuando lo hace sin golpes bajos, mostrando una historia con sus grises, dejando que el espectador se haga cargo de la conclusión, como también hacen falta celebro cada vez que un Senado, aunque sea el de otro país, se sienta a tratar un tema que hasta ayer parecía reservado al living de cada uno.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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