Cuando perder toda la grasa se vuelve un problema: lo que el cuerpo deja de poder hacer
Bajar el porcentaje de grasa corporal hasta el extremo puede comprometer músculos, huesos y hormonas, y los especialistas recuerdan que no existe un número mágico válido para todas las personas.
Lo conozco a Carlos desde hace años, porque entrena en el mismo gimnasio del centro y solemos coincidir a primera hora. A los 48, después de un divorcio complicado, se obsesionó con verse "definido" y pasó meses comiendo poco, corriendo en ayunas y pesándose dos veces por día. Un día me dijo, mientras se miraba en el espejo con la remera levantada: "Estoy flaco, pero no tengo fuerza ni para cargar las bolsas del súper". Esa frase me quedó dando vueltas, porque resume algo que la ciencia viene repitiendo: reducir demasiado la grasa corporal puede dañar los músculos y alterar las hormonas, incluso en gente que entrena.
El cuerpo necesita grasa para funcionar
El tejido adiposo no es un simple reservorio de energía. Además de guardar combustible para los momentos en que comemos menos, fabrica hormonas como la leptina, que le avisa al cerebro cuánta energía hay disponible. Cuando esa señal cae porque las reservas se agotan, el organismo empieza a recortar funciones para ahorrar recursos. En otras palabras, la grasa no es lo que sobra: es parte del andamiaje que nos mantiene en pie.
Por eso un porcentaje de grasa corporal, mirado de manera aislada, no alcanza para evaluar cómo está compuesto el cuerpo. Influyen la edad, el sexo y, sobre todo, dónde se ubica esa grasa. Una persona con valores "aceptables" en la balanza puede tener exceso de grasa visceral, la que se acumula alrededor de los órganos, y eso es un problema en sí mismo, independientemente del número que marque la báscula.
- Una balanza de bioimpedancia puede arrojar resultados distintos según el nivel de hidratación de ese día.
- Los pliegues cutáneos no permiten conocer la grasa que envuelve los órganos, solo la subcutánea.
- La densitometría DEXA distingue entre tejido graso, masa magra y masa ósea, pero requiere equipos especiales y suele ser costosa.
Qué pasa cuando se cruza el umbral
Un estudio con más de 700 deportistas, en el que participó Tamara Hew-Butler, investigadora de la Universidad Estatal de Wayne, mostró que los mínimos registrados fueron del 10 por ciento en hombres y del 16 por ciento en mujeres, muy lejos del 1 o 2 por ciento que se asocia popularmente con la definición muscular. Es decir, esos niveles extremos que aparecen en publicidades y redes sociales no son siquiera habituales en atletas de elite.
“Una cantidad insuficiente de grasa puede alterar distintos órganos y sistemas. Cuando hay una restricción calórica muy grande, el cuerpo puede empezar a tomar energía del músculo, lo que afecta la generación y la reparación del tejido óseo.”Jessica Maung, investigadora de enfermedades metabólicas de la Universidad de Míchigan
Los cambios hormonales son otra de las alertas que mencionan los especialistas. En hombres con una alimentación insuficiente, la testosterona puede bajar, y con ella la energía y el rendimiento. En algunas deportistas, los niveles demasiado bajos de grasa se vinculan con irregularidades menstruales o directamente con la falta de menstruación. Fredrik Karpe, profesor de medicina metabólica de la Universidad de Oxford, agregó que tener pocas reservas también dificulta la respuesta del cuerpo frente a infecciones graves, porque falta combustible para montar esa defensa.
Vuelvo a Carlos para cerrar. Después de una charla con su médica y con una nutricionista, empezó a comer mejor, subió unos kilos de manera controlada y volvió a levantar pesas con entusiasmo. Me dijo el otro día, ya con otro semblante: "No me veía tan flaco como antes en las fotos, pero me siento diez veces mejor". Y eso, en definitiva, es lo que cuenta: no se trata de borrar la grasa del mapa, sino de entender que el cuerpo la necesita para funcionar, y que obsesionarse con un número puede terminar saliendo muy caro.
