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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Chiche Gelblung: el último cronista que nunca dejó de trabajar

A los 82 años, murió Samuel "Chiche" Gelblung tras más de cinco décadas en la radio, la gráfica y la televisión. La despedida en la AMIA, su última internación y el estilo que lo volvió una de las voces más reconocibles del periodismo argentino.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 36 d
Chiche Gelblung: el último cronista que nunca dejó de trabajar

Lo dijo alguna vez Jacobo Ficher, y uno lo recuerda inevitablemente mientras recorre la sala velatoria de la AMIA donde esta semana se despidió a Samuel "Chiche" Gelblung: "hay músicos que se vuelven del aire". Bueno, Chiche nunca terminó de irse del aire. Lo escuché en su programa de radio hasta el lunes pasado, y todavía me cuesta creer que el miércoles a las siete y media de la mañana, en un sanatorio del barrio de Palermo, ese vozarrón que me acompañaba desde chico se apagara para siempre: tenía 82 años y una biografía que excede, por mucho, lo que cualquier currículum pueda enumerar.

Una despedida con salmos y figuras de toda la vida

Había ingresado el martes por un cuadro respiratorio, su cuarta internación del año. Su familia confirmó que atravesaba un cuadro que venía arrastrándose y que, como tantas otras veces a lo largo de su vida, quiso sobrellevar sin levantar el perfil. El Gran Rabino de la AMIA, Eliahu Hamra, leyó los salmos en el centro de la calle Pasteur, y después el cortejo partió rumbo al cementerio de La Tablada, donde descansan sus restos. El clima era el de las despedidas que uno asocia con la colectividad judía de Buenos Aires: llanto bajo, mate en la mano, recuerdos a media voz.

Figuras del espectáculo se acercaron a darle el último adiós. Graciela Alfano fue una de las que habló con la prensa y dejó una frase que me pareció terminar de retratar a Chiche, ese hombre al que todos le debemos algo: "Me hubiera gustado tener una última charla". La frase es casi un himno, porque cualquier periodista, productor o vecino que se haya cruzado con él sabe que Chiche siempre tenía un minuto para una pregunta, un consejo o un comentario fuera del libreto.

De la gráfica a la pantalla: el estilo que terminó siendo sello

Yo lo miro en perspectiva y creo que Chiche fue el último eslabón de una cadena que arrancó en las redacciones de los diarios populares de los años setenta y terminó en los sets de televisión donde se construyó la pantalla que hoy conocemos. Empezó en la gráfica, pasó por radios que ya no existen, llegó al canal de noticias y de ahí saltó a la pantalla abierta. En cada uno de esos formatos dejó la misma huella: un lenguaje directo, sin demasiados ornamentos, una manera de mirar al entrevistado que no esquivaba la pregunta incómoda y un timing cómico inesperado, como si llevara un humor judío porteño afinadísimo que aparecía, sin aviso, en medio de la pregunta más seria.

Hace pocos meses, en junio, después de una de sus altas, había sintetizado su filosofía de trabajo con una frase que me parece que va a quedar como epitafio extraoficial: "Todo bien por suerte, mañana ya empiezo". Cada recuperación era, para él, la confirmación de que seguía ocupando el único lugar que le interesaba.

Sus últimas confesiones: la infancia, el psicoanalista y la muerte

En abril de 2024 participó de un ciclo de entrevistas en profundidad donde dejó varias confesiones que no sonaron exóticas en su voz porque Chiche nunca dejó de ser esa mezcla rara de showman y trabajador del día a día. Contó de episodios duros de su infancia, de sus primeras incursiones en medios y, sobre todo, de cómo procesaba la muerte. La frase más resonante de esa charla fue una que me quedé dando vueltas: "Tuve que pedir ayuda a un psicoanalista para entender y aceptar la muerte". Uno escucha eso y entiende algo importante: detrás del cronista que parecía imperturbable, había alguien que trabajó a conciencia cada pliegue de su propia historia.

Una lectura propia: el oficio por encima del personaje

  • Fue un trabajador del día a día antes que un personaje de TV: a pesar de las cuatro internaciones, mantuvo su programa de radio activo hasta el lunes previo a su muerte.
  • Construyó un estilo reconocible en la Argentina, combinando pregunta dura, humor judío porteño y una cercanía con el público que muy pocos supieron sostener.
  • Convirtió cada alta médica en una promesa de regreso a lo que para él era la vocación central: trabajar, hacer radio, preguntar, preguntar, preguntar.
  • Su paso por la pantalla gráfica, la radio y la televisión recorre toda la historia del periodismo argentino de los últimos cincuenta años.

Si me dejan cerrar con una recomendación en primera persona, como me lo pide el oficio, les digo lo siguiente: vuelvan a buscar sus entrevistas de los años ochenta y noventa, las que están en los archivos de la radio pública y en los canales de noticias del cable, y dense el gusto de escuchar cómo se le hace una pregunta a alguien que uno sabe que no quiere responder. Chiche Gelblung fue, a mi criterio, uno de los últimos exponentes de eso que en las redacciones se llamaba off the record bien entendido, pero también un gran periodista de los que ya casi no quedan. Descansen en paz.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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