Celine Dion vuelve a París y a la vida: cuatro años después, las lágrimas fueron el primer acorde
La cantante canadiense abrió una residencia de 16 funciones en el Plenitude Arena y lloró antes de cantar la primera canción. Habló de su síndrome de persona rígida, agradeció al público francés y transformó la espera en una celebración que, según ella misma, recién empieza.
“Me había prometido no llorar”, dice una canción vieja que ahora podría firmar la propia Celine Dion, porque la canadiense volvió a subirse a un escenario grande después de cuatro años de silencio, y lo primero que hizo fue quebrarse. La escena ocurrió el lunes por la noche en el Plenitude Arena, en las afueras de París, donde la autora de My Heart Will Go On dio el primer paso de una residencia de 16 funciones que se presenta como su regreso definitivo a los grandes escenarios y que, en los papeles, debería haberse estrenado en 2020, cuando todavía no existía la palabra pandemia ni la palabra síndrome de persona rígida, dos fantasmas que terminaron postergando todo y que anoche, de alguna manera, se hicieron a un lado para dejarla cantar.
Una pausa que no fue silencio
La cantante había interrumpido su actividad en 2022, cuando los médicos le confirmaron el diagnóstico de síndrome de persona rígida (SPS), un trastorno neurológico y autoinmune poco frecuente que provoca rigidez muscular progresiva y que durante años le impidió sostener la voz con la disciplina de siempre. En lugar de esconderse, Dion eligió anoche mirar de frente a esa historia y contarla desde un ángulo personal, más cercano a la conversación íntima que al parte médico: “Al convivir con ello día tras día, he aprendido a aceptarlo. Y he decidido convertirlo en mi razón de vivir”, dijo frente a un arena colmado que, según las cifras de la organización, recibe en promedio a más de 33.000 espectadores por noche.
También hubo lugar para una reflexión colectiva, casi una invitación a mirar al de al lado, esa clase de frases que suenan a legado más que a show: “No sabemos por lo que está pasando la persona que tenemos al lado. Tomemos esa energía y compartámosla. Para eso sirve la música.” Quienes la siguieron durante estos años saben que la artista no pronunció esas palabras como un eslogan, sino como alguien que atravesó la incertidumbre en silencio y decidió salir a la luz con lo aprendido, y esa condición, la de quien vuelve y no esconde las marcas del camino, fue tal vez lo más poderoso de una noche en la que la lista de canciones pasó a un segundo plano.
“Me había prometido no llorar. No cumplo mis promesas. Pero estoy muy feliz de verlos a todos. Los extrañaba.”Celine Dion, desde el escenario del Plenitude Arena
París como punto de partida
La elección de la capital francesa no fue casual ni oportunista: estos conciertos estaban previstos originalmente como fechas europeas de la gira Courage World Tour, primero aplazados por la pandemia y luego suspendidos por los problemas de salud de la artista, que durante la espera se convirtió en una especie de misterio urbano para sus seguidores más fieles. La expectativa se encendió el 30 de marzo, el día del cumpleaños de Dion, cuando se anunció el regreso con un espectáculo de luces frente a la Torre Eiffel al que la cantante no pudo asistir en persona pero al que se sumó con un mensaje en video; el impacto fue tan grande que nueve millones de personas se registraron para acceder a la preventa de entradas, una cifra que vuelve a confirmar, por si hacía falta, que la espera también se mide en paciencia colectiva.
Mientras pasaban los días previos al debut, la ciudad se fue rindiendo a la espera: fans se apostaron frente al hotel donde se alojaba la cantante para interpretar sus temas como si fueran himnos, y una estación de subte cercana al arena fue rebautizada temporalmente como “Celine”, decorada con fragmentos de sus letras más conocidas, en una de esas escenas de fanatismo organizada que París suele regalarle al mundo cada tanto. “No tengo palabras para describir lo que siento al volver a la Torre Eiffel, donde todo comenzó”, había dicho la artista en aquel mensaje de marzo, y anoche, en el arena, esa frase pareció cobrar cuerpo, porque la cantante no volvió a la Ciudad Luz con un acto de nostalgia sino con la decisión explícita de empezar de nuevo, con el cuerpo que tiene y la voz que conserva.
