Carrie vuelve a sangrar: Mike Flanagan reimagina a la niña más atorada de King en una miniserie que no le escapa al celular
Summer H. Howell se pone en la piel de Carrie White en una producción de ocho episodios que llega a Prime Video el 7 de octubre y pone el foco en el acoso digital, las familias y la vida adulta dentro de la escuela. Amber Midthunder y Matthew Lillard completan un reparto que promete revisitar al clásico de Stephen King sin desatender la crueldad cotidiana de las redes.
Hay una frase que Stephen King dejó caer como una maldición de las suyas y que me sigue pareciera la mejor puerta de entrada a Carrie: "A veces lo que más nos asusta es lo que ya sabemos y no queremos admitir". Con esa idea en la cabeza, uno se sienta frente al televisor y entiende por qué la historia de Carrie White sigue volviendo, una y otra vez, como vuelven las deudas impagas o los bullies del colegio. Ahora le toca el turno a Mike Flanagan, que ya conoce bien los pasillos del terror kingniano y que el próximo 7 de octubre estrenará en Prime Video una miniserie de ocho episodios con Summer H. Howell como protagonista absoluto, y les confieso que la elección me genera una expectativa enorme.
Lo que más me interesa de esta nueva lectura es que Flanagan no se limita a reproducir la famosa escena del balde de sangre en el baile de graduación, sino que decide abrir la historia hacia los costados y hacia adentro: se detiene en los profesores, en los padres, en los grupos de WhatsApp y en los muros de Facebook donde el acoso encuentra combustible fresco. En esa decisión hay, me parece, una observación fina de cómo se transformó la crueldad adolescente en los últimos años, y sobre todo de cómo esa crueldad ya no termina cuando suena la campana del recreo.
Un reparto que mira de frente a la escuela
- Summer H. Howell como Carrie White, el corazón tormentoso de la historia.
- Amber Midthunder en el papel de una profesora del Thomas Ewen Co.
- Matthew Lillard como el director de la escuela, un adulto que intenta ordenar lo que otros desatan.
- Alison Thornton y Josie Totah como estudiantes que forman parte del hostigamiento contra Carrie.
Hablando de Alison Thornton, la actriz contó algo que me parece clave para entender esta versión y que refleja muy bien el mundo que les toca vivir a los pibes hoy: explicó que el acoso digital extiende la exposición de las víctimas mucho más allá del horario de clases, que puede continuar en el hogar a través del teléfono y alcanzar a otras personas de la comunidad. Amber Midthunder, por su parte, sumó que ese entorno de pantallas y likes influye de manera directa en los vínculos y en las decisiones que toman los chicos, y la reflexión me pareció muy ajustada a lo que se ve en cualquier aula argentina donde los grupos de padres arden en chats nocturnos.
Matthew Lillard, a quien muchos recordarán por sus papeles en los noventa y que acá se calza el traje de director del colegio, aportó una mirada que suscribo de punta a punta: sostuvo que los adultos de la institución intentan orientar a los jóvenes mientras cada grupo, incluidos docentes y directivos, actúa con sus propios intereses. Esa frase me parece la radiografía más honesta que se puede hacer de cualquier escuela secundaria, y por eso me genera entusiasmo que Flanagan se anime a ponerla en primer plano en una historia que suele leerse solo como una pieza de terror.
“La crueldad en esta versión no termina cuando suena la campana: sigue en el teléfono, en la casa, en el barrio.”Alison Thornton, actriz
A mí, como lector y espectador, lo que más me moviliza es la posibilidad de ver desarrollada la intimidad de esos personajes secundarios que en las adaptaciones anteriores quedaban apenas esbozados. Josie Totah contó que pudo explorar rasgos de su personaje que habían recibido menos atención en versiones previas, y Alison Thornton destacó la búsqueda de las motivaciones detrás de la crueldad de Chris, ese personaje que en el libro y en las películas anteriores aparecía casi como un arquetipo plano. Que la serie se tome el tiempo de escuchar esas motivaciones me parece un gesto adulto, si me perdonan la redundancia, y muy en línea con lo que Mike Flanagan viene haciendo desde La maldición de Hill House hasta Misa de medianoche, donde cada personaje respira y se lastima a su ritmo.
Flanagan no es un improvisado en el universo de King: ya llevó a la pantalla El juego de Gerald, Doctor Sleep y la reciente La vida de Chuck, y esa trayectoria me da cierta tranquilidad a la hora de confiarle a Carrie, porque sabe moverse entre el respeto por el material original y la necesidad de actualizarlo sin traicionarlo. En el plano televisivo, además, su mano se nota: el formato le permite extender el recorrido de los personajes, recuperar secuencias reconocibles con un enfoque conectado con las experiencias actuales y, sobre todo, darle aire a los vínculos entre estudiantes, familias y personal educativo, que es donde esta historia suele quedar corta.
Si me preguntan qué espero encontrar yo en esta nueva versión de Carrie, les digo con sinceridad: espero una Carrie que duela en el cuerpo del espectador, que incomode y que obligue a pensar en los propios balcones del mundo digital desde donde se señala y se condena sin piedad. Les recomiendo que el 7 de octubre se sienten frente a Prime Video, que se armen un buen mate y que se preparen para volver a sentir el rigor de un clásico que, como el bullying, no deja de actualizarse nunca. Yo, por mi parte, voy a verla con la misma mezcla de respeto y decepción preventiva con la que uno se acerca a una adaptación querida: con la esperanza intacta de que esta vez, la sangre vuelva a decirnos algo nuevo.
