Caminar por las entrañas del Malacara: una geología que se recorre con los pies
En el sur mendocino, la familia Quezada abrió al público un volcán que sorprende por sus colores y por la historia que cuenta cada pared. La geóloga Corina Risso fue clave para entender lo que el visitante hoy pisa con sus propias botas.
Me lo imagino y casi lo estoy viendo: el sol pegando fuerte sobre el paraje La Batra, cerca de Malargüe, y un grupo de gente metiéndose, cámara en mano, por una grieta que se abre en la tierra. Adentro, la luz cambia, el aire se vuelve más fresco y las paredes parecen pintadas con una paleta que va del amarillo más intenso al negro más profundo. Eso es, ni más ni menos, lo que ofrece el volcán Malacara: la posibilidad concreta de caminar por su interior y entender, paso a paso, cómo se fue formando durante miles de años.
El predio lo administra la familia Quezada, que durante años lo usó para la cría de animales. Hoy, en cambio, lo recorrí de punta a punta junto a un grupo de visitantes y guías locales, y la sensación es la de estar entrando a un anfiteatro natural donde la geología se lee con los ojos, pero también con las botas. El circuito atraviesa dos de las tres cárcavas que tiene el volcán en su parte alta y suma una subida hasta un mirador desde el cual, a lo lejos, se distingue la laguna de Llancanelo como una mancha brillante en medio del paisaje mendocino.
Una geóloga, una familia y un proyecto que empezó a caballo
Detrás de esta apertura turística hay una historia que merece ser contada con sus nombres propios. Todo arrancó en el año 2000, cuando la geóloga Corina Risso, investigadora y docente de la Universidad de Buenos Aires, llegó al campo de la familia Quezada con una idea clara: estudiar un volcán que, hasta ese momento, prácticamente nadie sabía que se podía recorrer por dentro. La recibió Alberto "Beto" Quezada, y entre los dos empezaron a armar lo que más tarde se convertiría en una propuesta para visitantes.
Dos años después, en 2002, Risso presentó sus investigaciones en Malargüe, mientras la familia iba dando los primeros pasos con guías de la zona. Las primeras salidas, me cuentan, se hacían a caballo por senderos del propio campo. Recién en 2006 una antigua huella petrolera permitió entrar con camioneta y, más tarde, usar maquinaria para acondicionar el camino y dejarlo en condiciones para el turismo actual.
Por qué el Malacara tiene esos colores
Lo más llamativo del recorrido son los colores, y la explicación también la pude escuchar de primera mano. La geóloga Corina Risso lo resume así: el Malacara se formó por la interacción del magma con agua, posiblemente de una antigua laguna que ocupaba la zona. Ese contacto fragmentó la lava, y la alteración de los materiales generó buena parte de las superficies amarillas que hoy se ven con tanta nitidez.
“Cuando el agua dejó de intervenir, la erupción continuó y se acumularon materiales oscuros sobre los anteriores. Mucho después, la erosión provocada por el agua y el viento abrió los corredores que se recorren durante la visita.”Corina Risso, geóloga e investigadora
Mientras caminaba por las cárcavas, no podía dejar de mirar hacia arriba. La luz se cuela por las aberturas superiores y genera una iluminación que parece de película. El aire frío circula entre las grietas y contrasta con el calor de afuera, y los tres cráteres que tiene el volcán en su parte alta quedan prácticamente ocultos para quien lo recorre desde abajo, tapados por la forma del terreno y por la vegetación que fue ganando terreno con el tiempo.
Qué se hace y qué hay que tener en cuenta
- La experiencia combina caminata, observación de las formaciones volcánicas y una vista panorámica desde el mirador hacia la laguna de Llancanelo.
- El recorrido atraviesa dos de las tres cárcavas del Malacara y exige calzado adecuado y cierto estado físico por las subidas.
- Los depósitos son frágiles y pueden desgranarse al tacto, por lo que se pide no romper ni llevarse fragmentos de las paredes.
- El acceso es gestionado por la familia Quezada y se realiza con guías locales del sur mendocino.
Vuelvo a pensar en los Quezada mientras termino de escribir. Empezaron criando animales en ese campo y hoy, gracias a la investigación de Corina Risso y al trabajo con los guías de la zona, comparten con los visitantes un pedazo de su tierra que cuenta, pared por pared, la historia volcánica del sur mendocino. Si alguna vez pasan por Malargüe y tienen ganas de una salida distinta al aire libre, ya saben: el Malacara los espera con los colores bien puestos y el aire bien frío.
