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Viernes, 16 de octubre de 2026
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Brad Pitt en las alturas: el largo viaje de un alpinista que cambió su vida en el Tíbet

La película de Jean-Jacques Annaud rescata la historia de Heinrich Harrer, un austríaco que dejó Europa en 1939 y terminó entablando una amistad inesperada con el Dalai Lama. Un repaso por el filme, su contexto y las consecuencias geopolíticas que dejó fuera de la pantalla.

Por Iris EvansCultura y espectáculos · · hace 23 d
Brad Pitt en las alturas: el largo viaje de un alpinista que cambió su vida en el Tíbet

Como dijo alguna vez Mercedes Sosa, todo cambia, y de eso se trata precisamente la película que hoy nos ocupa: una historia en la que un hombre parte buscando una cumbre y termina encontrando algo muy distinto, algo que lo transforma desde adentro. Les cuento de qué se trata esta propuesta que tiene a Brad Pitt como protagonista absoluto y al francés Jean-Jacques Annaud como director, en una combinación que en los años noventa dio mucho que hablar, y no solo por lo que se veía en la pantalla.

Una partida, una guerra y un cambio de planes

La historia arranca en 1939, un año bisagra para el mundo entero. Harrer es un alpinista de élite, de los mejores de su generación en Austria, y decide embarcarse en una expedición al Himalaya dejando en casa a su esposa embarazada. Hasta ahí, el planteo podría sonar casi heroico, casi luminoso, pero lo que encuentra al otro lado del mundo es muy distinto a lo que había imaginado. El estallido de la Segunda Guerra Mundial modifica todos los planes: Harrer y los suyos quedan prisioneros, y la montaña deja de ser el centro del relato para dar paso a una experiencia mucho más cruda, mucho más humana.

  • Heinrich Harrer era un alpinista austríaco reconocido en los años treinta.
  • Su expedición al Himalaya comenzó en 1939, meses antes del inicio de la Segunda Guerra Mundial.
  • Tras el estallido del conflicto, Harrer fue tomado prisionero, lo que alteró por completo el rumbo del viaje.
  • Tiempo después logró escapar de su cautiverio y llegó hasta la residencia del joven Dalai Lama, con quien construyó un vínculo cercano.

De la fuga al Dalai Lama: el verdadero corazón del filme

Una vez que consigue escapar, Harrer recorre un trecho enorme hasta dar con la residencia del Dalai Lama. Ahí se produce, a mi entender, el verdadero corazón de la película: la amistad entre ambos. Annaud deja atrás la aventura de montaña para meterse de lleno en ese vínculo, que es lo que termina cambiando al protagonista de manera profunda. En paralelo, el relato muestra los preparativos de China para invadir el Tíbet, lo que le da a la historia un contexto político que pesa y que le agrega una capa de actualidad que sigue vigente.

“Hay una transformación silenciosa en el personaje que vale la pena dejarse llevar.”Iris Evans

Les confieso que, de las dos partes que tiene la película, a mí siempre me ganó la segunda: la del hombre que llega roto a un lugar lejano y termina encontrando en un niño Dalai Lama una interlocución que no esperaba. No es una historia fácil, ni edulcorada: tiene nieve, tiene hambre, tiene distancia, tiene duelo. Pero también tiene algo que a mí, como espectadora, me sigue conmoviendo: la idea de que uno puede llegar al otro extremo del mapa y, sin buscarlo, encontrarse con alguien que le cambie la vida.

Las consecuencias fuera de la pantalla: China tomó nota

Lo que pocos recuerdan es que la película tuvo consecuencias bastante concretas fuera del cine. En 1997, las autoridades chinas prohibieron los estrenos de Sony, la distribuidora, una restricción que se mantuvo durante todo ese año. Además, tanto Brad Pitt como Jean-Jacques Annaud recibieron prohibiciones de ingreso al país que en un primer momento eran de por vida. Eran los años en los que el affaire de Pitt con Gwyneth Paltrow ocupaba tapas de revistas, y China dejaba en claro que ciertas ficciones no eran bienvenidas en su territorio.

Con el tiempo, las cosas se destrabaron. Annaud pudo ingresar en 2012 y hasta llegó a rodar allí El último lobo, otra de sus películas con paisajes asiáticos. Pitt, por su parte, pudo hacerlo en 2014. Son datos que, a esta altura, forman parte de la historia del filme tanto como el guion mismo, y que muestran hasta qué punto una ficción puede rozar la geopolítica.

Mi recomendación, en primera persona

Si nunca la vieron, les sugiero que se acerquen a Siete años en el Tíbet con paciencia y con tiempo. No es una película de aventuras al uso, de esas que prometen escalada tras escalada: es, sobre todo, una historia de transformación personal envuelta en nieve. Yo suelo recomendarla en una tarde larga, con un buen mate al alcance de la mano y la predisposición de dejarse llevar por los paisajes del Himalaya. Quien prefiera el vértigo de la montaña, va a encontrar su cuota; pero quien se quede hasta el final, se va a llevar a casa una reflexión sobre cómo a veces uno se pierde para terminar encontrándose. Y eso, en tiempos donde todo parece ir tan rápido, no es poco.

IE
Iris EvansCultura y espectáculos

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