Boca cerró su aventura china con bronce bajo el brazo y un puñado de respuestas
El conjunto de Casalánguida vapuleó 93-62 al RSSB Tigers de Ruanda en Pekín, se subió al podio en su primera Copa Intercontinental y volvió a poner al básquet argentino entre los tres mejores del mundo, algo que no pasaba desde el subcampeonato de Quimsa en 2021.
Viento a favor desde el arranque y medalla en la valija. Boca debutó en la Copa Intercontinental FIBA en Pekín y volvió a casa con el bronce al cuello, después de una paliza 93-62 sobre el RSSB Tigers de Ruanda, campeón de la Basketball Africa League. Para el básquet argentino fue algo más que un tercer puesto: fue volver al podio internacional después del subcampeonato de Quimsa en 2021, cuatro años de silencio que se cortaron en el Gigante de Asia.
El equipo de Nicolás Casalánguida llegó al torneo como ganador de la Basketball Champions League Americas 2025/26 y se midió en un formato de seis equipos. En la semifinal había caído 77-70 contra Rytas Vilnius, en un partido que sostuvo la diferencia hasta el último cuarto, cuando la muñeca se quedó sin aire y el físico lituano hizo el resto. Esa derrota lo mandó al duelo por el tercer puesto, nada menos que contra el rey africano. Y a esa final de consolación, Boca la tomó como una final.
Una diferencia construída cuarto a cuarto
El primer parcial ya marcó el pulso: 26-18, con el Xeneize sintiéndose cómodo en el rectángulo extranjero. Al descanso largo la brecha era de 23 (52-29), y en algún tramo del tercer cuarto llegó a estirarse hasta 35 puntos. A partir de ahí, Casalánguida rotó, limpió piernas y le dio minutos a los juveniles Valentino Finetti y Nicholas Petri, que se llevaron su bautismo en el torneo como souvenir.
- Tomás Monacchi: 15 puntos y 6 rebotes, el termómetro del ataque.
- Leonardo Lema y Francisco Cáffaro: 12 tantos cada uno, equilibrio en la pintura y el perímetro.
- Agustín Barreiro: 11 puntos, 8 rebotes y 7 asistencias, con una valoración de 24, la más alta del partido.
- El equipo cerró con 30 asistencias contra 12 del rival, un registro que explica la superioridad en el flujo de juego.
Seamos sinceros: la diferencia no fue solo de gol, fue de lectura. Boca repartió la pelota como si la estuviera convidiendo en una mesa larga, mientras que los Tigers dependieron de picos individuales. La superioridad en rebotes completó el combo. El dominio fue tan claro que el banco entero terminó con minutos y hasta Casalánguida se dio el lujo de ahorrar piezas pensando en lo que viene.
El título fue para NBA G League United, que se sacó la espina de las dos finales anteriores con un ajustado 89-86 sobre Rytas Vilnius. Eric Dixon se llevó el premio al MVP del torneo y la franquicia estadounidense celebró su primera corona en el Intercontinental.
El balance deja gusto a poco por la eliminación en semis, pero la foto final es la de un club que se plantó en un escenario nuevo y volvió con metal. Boca regresa de China con experiencia, con rodaje para los pibes y con la tranquilidad de saber que el camino internacional, cuando se transita con cabeza, suele terminar en podio. El próximo desafío será en la Liga Nacional, donde la rotación y el ánimo viajado marcarán el pulso del segundo tramo.
