Adiós a Zulema Galperín: la abuela cocainómana que se hizo actriz después de los sesenta
La Asociación Argentina de Actores confirmó el fallecimiento a los 90 años de una intérprete que recorrió televisión, cine, teatro y plataformas, y que se ganó un lugar en la memoria popular con su humor en Duro de domar.
Yo vi a Zulema Galperín por primera vez sin saber quién era, como le pasó a miles de argentinos que un domingo a la tarde se toparon con una abuela descontrolada que pedía droga en la cocina de un programa de sketches, y me acuerdo de haber pensado que esa señora era alguien cercano, una vecina, una tía lejana que había terminado en la tele casi por accidente, y esa impresión, pienso ahora, no estaba tan lejos de la verdad, porque la propia Galperín había empezado a actuar después de los sesenta, cuando ya llevaba décadas trabajando en una oficina, y se acercó al teatro un poco por casualidad, un poco por necesidad de inventarse otra vida, y de ese cruce entre lo doméstico y lo escénico salió una de las carreras más queridas de los últimos años de la televisión argentina.
La Asociación Argentina de Actores y Actrices confirmó su fallecimiento a los 90 años y le dedicó un mensaje en el que destacó su compromiso con la entidad, a la que estaba afiliada desde 2000, y su recorrido por escenarios, sets y plataformas que la convirtió en una presencia familiar para varias generaciones, porque Galperín no fue una actriz de un solo público sino de muchos, de los que la vieron en ficciones como Chiquititas o Gasoleros, de los que la cruzaron en unitarios como Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios o Viudas e hijos del rock and roll, y también de los que la descubrieron en cine, en películas como Puan y La extorsión, o en plataformas, donde participó de Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim.
Una vocación que llegó tarde y se quedó para siempre
Lo que más me gusta contar de su historia es ese origen tardío, porque a mí, que también empecé a dedicarme a esto siendo grande, me resulta una pequeña venganza contra los que creen que hay una edad correcta para subirse a un escenario, y el caso de Galperín es casi un manual de resiliencia: nació el 18 de abril de 1936, pasó años en tareas administrativas y recién en la década de 1990, ya entrada en los sesenta, se animó a probar otra cosa, primero como alumna del taller de Entrenamiento Teatral del Teatro Regio en 1997, después en otros espacios de formación, hasta que la actuación dejó de ser un pasatiempo y se convirtió en su oficio, una decisión que ella misma defendió con una disciplina que sus colegas suelen recordar cuando hablan de ella.
- Televisión: Chiquititas, Gasoleros, Poliladron, Verdad consecuencia, Primicias, Epitafios, Viudas e hijos del rock and roll, Buenos chicos y la miniserie En París, además del personaje de la Abuela cocainómana en Préstico, los sketches de Duro de domar junto a Sebastián Presta.
- Cine: Puan, La extorsión, Los justos, Eva Perón, Pacto de silencio, Blindado, Los adoptantes y La estrella roja.
- Teatro: Fango negro, de José Gabriel Núñez, dirigida por César Sambataro, con funciones dentro de un colectivo que circulaba por Buenos Aires, y Motivos para levantarse por la mañana, de Germán Akis y Raúl Baroni, en el Teatro Arlequino.
- Plataformas y series digitales: Nada, Envidiosa, El tiempo de las moscas y Gutiérrez is mai neim, además del capítulo La página en blanco en la miniserie Superhéroes y heroínas urban@s, junto a María del Carmen Simari y Mirta Calza Citín.
De toda esa lista, a mí me queda dando vueltas la imagen de Fango negro, esa obra que el grupo Clan-Destino llevó a un colectivo en movimiento, con el público sentado donde iban los pasajeros, una locura que en otro país sería un experimento de nicho y acá, por suerte, tuvo a Galperín como una de sus protagonistas, y también me queda el recuerdo de la Abuela cocainómana, porque hay que decirlo con todas las letras: ese personaje fue un hallazgo, una manera de reírse de los prejuicios sobre la vejez desde adentro de la vejez misma, y el hecho de que lo haya construido junto a Sebastián Presta, en un programa que comandaba Roberto Pettinato, dice mucho del timing cómico de una mujer que llegó a la actuación cuando muchos ya están pensando en jubilarse.
Si me piden una recomendación, les digo que este fin de semana vale la pena buscar en las plataformas algún capítulo de Nada o de Envidiosa para verla en un registro más dramático, y después ir a Youtube y rastrear los sketches de Préstico para entender de verdad por qué Galperín se ganó un lugar en la memoria colectiva, porque entre esas dos puntas está todo lo que fue: una actriz que se hizo tarde pero se hizo entero, y que dejó una huella que no se borra.
