LATAM se baja de Neuquén-Santiago: la ruta directa se cancela tras apenas cinco meses de operación
La aerolínea argumenta que la ocupación de los Airbus A320 quedó muy por debajo de las proyecciones comerciales. El gobierno neuquino admite que faltó promoción y ya apunta a Brasil como próximo destino internacional.
La conexión aérea directa entre Neuquén y Santiago de Chile dejará de existir el próximo 25 de octubre, cuando LATAM Airlines suspenda de manera definitiva la ruta que apenas cinco meses atrás había presentado como una apuesta estratégica para el sur argentino. La compañía ya dejó de vender pasajes para vuelos posteriores a esa fecha, lo que en los hechos anticipa el cierre y deja a los pasajeros con la obligación de buscar escalas en Buenos Aires para volver a conectar con Chile.
El servicio había arrancado el 29 de marzo con cuatro frecuencias semanales —martes, jueves, viernes y domingos— operadas con aviones Airbus A320 de 174 plazas, y fue presentado como la primera conexión directa entre Neuquén y territorio chileno sin necesidad de pasar por la capital argentina. Sin embargo, la aerolínea revisó sus itinerarios y detectó que los niveles de ocupación se mantuvieron, en sus propios términos, «sostenidamente inferiores a los proyectados», una situación que terminó de hacer inviable la operación desde el punto de vista comercial.
Cuatro frecuencias, ¿demasiadas para una ruta nueva?
Lo que sostiene la empresa y lo que reconocen en la provincia no termina de coincidir del todo, aunque apuntan en la misma dirección. Desde la Subsecretaría de Turismo de Neuquén, Sergio Sciacchitano admitió que durante las negociaciones previas al lanzamiento ya habían advertido que cuatro frecuencias semanales podían resultar excesivas para un corredor que recién se abría al público. «Quizás para un vuelo nuevo había que empezar con menos frecuencia», planteó el funcionario, al tiempo que señaló otro factor que, a su criterio, terminó de comprometer el resultado: la ausencia de una estrategia sostenida de promoción y comercialización que permitiera consolidar la demanda con el paso de los meses.
“Las cosas no suceden de un día para el otro. Es un proceso que lleva tiempo, y es lo que faltó.”Sergio Sciacchitano, Subsecretaría de Turismo de Neuquén
La provincia realizó gestiones formales para intentar revertir la decisión de la aerolínea, pero no obtuvo respuesta favorable. Por el momento no existe ningún acuerdo en curso para reactivar la ruta ni un horizonte cierto de regreso, lo que deja a Neuquén sin enlace directo con Chile y vuelve a obligar a los viajeros a pasar por Aeroparque o Ezeiza para llegar a Santiago.
¿Qué falta hacer para que la próxima ruta no corra la misma suerte?
- Diseñar un plan de promoción previo al lanzamiento, con presupuesto propio y sostenido en el tiempo, que acompañe la operación durante al menos los primeros doce meses.
- Arrancar con frecuencias más reducidas —dos o tres vuelos semanales— y escalonarlas de forma gradual a partir de datos reales de ocupación.
- Garantizar acuerdos comerciales con operadores turísticos, agencias y empresas radicadas en la Patagonia que aseguren un piso de demanda estable.
- Trabajar en paralelo con varias aerolíneas para que la caída de un operador no implique la pérdida del destino internacional, como acaba de ocurrir con Santiago.
- Transparentar los números de ocupación y rentabilidad de cada ruta para que la discusión con las compañías se sustente en datos y no en expectativas.
El aeropuerto neuquino registra en el último año un crecimiento superior al 30% en sus frecuencias, una cifra que la provincia exhibe como argumento central para tentar a nuevos operadores. La apuesta oficial pasa ahora por Brasil como próximo destino y por mantener conversaciones con otras aerolíneas, aunque el propio gobierno reconoce que ninguna compañía se comprometerá con una ruta nueva si los números de demanda no la justifican. El desafío, en definitiva, no es únicamente conseguir un avión que aterrice en Neuquén: es construir, antes y después de cada vuelo, las condiciones para que la ruta no vuelva a quedar en el aire a los cinco meses de haber despegado.
