Miércoles, 26 de agosto de 2026
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Veinte mil aliados diminutos: los peces de la UBA que se comen el dengue en la fuente

La Facultad de Agronomía cría y reparte de forma gratuita dos especies nativas de agua dulce capaces de devorar hasta cien larvas de mosquito por jornada. Cómo funcionan, dónde se pueden pedir y por qué el proyecto se volvió una pieza clave en los barrios donde las fumigaciones no alcanzan.

Por Camila AguilarSociedad y vida · 26 de agosto de 2026 · hace 2 h

Me lo imagino y casi lo veo: una señora en Lanús destapando un aljibe del fondo de la casa mientras dos pececitos plateados, del tamaño de un dedo meñique, nadan con una tranquilidad que a mí me cuesta tener un lunes a las siete de la mañana. Esa escena, repetida en miles de hogares del conurbano y de la Ciudad de Buenos Aires, es la postal silenciosa de un trabajo que arrancó en 2022 en la Facultad de Agronomía de la UBA y que ya cambió la rutina de veinte mil familias.

Una herramienta pensada para los lugares donde la fumigación no llega

Lo que en la jerga técnica se llama control biológico del dengue tiene, en el barrio, una forma mucho más concreta: dos especies de peces autóctonos, la Cnesterodon decemmaculatus y la Jenynsia lineata, conocidas como madrecitas de agua, que los técnicos de la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA reparten de manera gratuita entre vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias. Cada ejemplar adulto puede comer hasta cien larvas de mosquito por día, un dato que a mí, sinceramente, me sacó de la silla cuando lo escuché.

“Son peces de fácil manejo y bajos requerimientos, que naturalmente están acostumbrados a vivir en ambientes reducidos. No son difíciles de criar o transportar, y la Cátedra los entrega a demanda a la comunidad.”Alejandro López, licenciado en Ciencias Ambientales y responsable del proyecto

El punto fuerte del programa no es la voracidad de los peces, sino dónde se los puede usar. Piletas de lona, estanques chicos, bebederos de animales, tanques donde se guarda agua para la huerta y, sobre todo, esos reservorios domésticos que están escondidos en el fondo de las casas y que por su tamaño o su función resultan muy difíciles de vaciar o de tratar con productos químicos. Justamente allí, donde la fumigación municipal pierde fuerza, es donde la estrategia empieza a marcar diferencias.

Cómo se piden y cómo se siembran en casa

  • Cualquier persona puede solicitar los peces de manera gratuita a la Cátedra de Acuicultura de la FAUBA.
  • Se entregan para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico: piletas, estanques, bebederos y tanques domiciliarios.
  • Durante 2024 y 2025 se distribuyeron más de 20.000 ejemplares a vecinos, escuelas y organizaciones comunitarias.
  • El programa se sostiene con financiamiento de UBANEX y en articulación con la Cooperativa de Recicladores del Oeste (RUO).
  • La Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires declaró la iniciativa de interés ambiental.
“Las personas interesadas pueden solicitar los peces para sembrar en reservorios de agua de difícil vaciado o tratamiento químico.”Ana Paula Baldonedo, coordinadora del proyecto

En la charla, López fue muy claro con lo que para mí es la clave de cualquier política pública: no se vende como solución mágica. La idea, me insistió, es sumar una herramienta más al manejo integrado del mosquito Aedes aegypti, esa especie que transmite el dengue, el zika y la chikungunya. Fumigar, descacharrar, limpiar patios y cambiar el agua de floreros y platos siguen siendo tareas obligatorias. Los peces llegan para ocupar el hueco que esas medidas, por cuestiones logísticas o por la realidad de cada vivienda, no logran tapar.

Vuelvo a esa vecina imaginaria del principio. Si en este momento está leyendo esta nota y tiene un bebedero viejo en el patio donde su perro toma agua y nunca termina de vaciar del todo, ya sabe que hay un equipo de la UBA que puede acercarle, sin pagar un peso, unos cuantos aliados con aletas. Es una historia chiquita, de unos animalitos chiquitos, pero me parece enorme en un país que entre 2023 y 2024 atravesó la temporada más dura de dengue de su historia, con más de 580.000 casos confirmados y 419 fallecidos. Frente a esa cifra, cualquier herramienta concreta, seriada y gratuita bien vale, como mínimo, una conversación en la mesa familiar.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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