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Cincuenta almendras antes de dormir: la historia de un estudio que ilusiona, pero pide prudencia

Un ensayo clínico con 175 adultos en la India acompañó durante cinco meses a quienes incorporaron almendras a la cena. La mejora más clara fue la que ellos mismos relataron: dormir con menos interrupciones. Las mediciones objetivas, en cambio, fueron más tibias. Acá te cuento cómo se hizo, qué halló y por qué no conviene leerlo como una receta universal.

Por Camila AguilarSociedad y vida · 27 de agosto de 2026 · hace 2 h

Lo primero que vi al abrir el paper fue una tabla con promedios de horas de sueño y otra con puntajes de calidad percibida. Después, cuando bajé a la sección de resultados, me quedó una sensación conocida: la diferencia estadística estaba ahí, sí, pero la brecha entre lo que medían los relojes y lo que contaban los participantes era demasiado grande como para pasar por alto. Por eso decidí arrancar esta nota por una persona, no por un número.

Me imagino a Ravi, un oficinista de 38 años de Pune que entra al estudio arrastrando noches cortas y un cansancio que ya se le nota en la cara. Forma parte del grupo que recibe 50 almendras diarias, peladas, crudas, repartidas entre la tarde y la noche. Cinco meses después, cuando le piden que vuelva a llenar el cuestionario de Pittsburgh, marca menos despertares y una facilidad mayor para conciliar el sueño. No es una cura. Es, según sus propias palabras, dormir un poco mejor. La escena es ficticia, pero el tipo de cambio que describe es exactamente el que reportó buena parte de quienes integraron esa rama del ensayo.

Qué se hizo y con quiénes

  • El estudio reclutó a 175 adultos de entre 21 y 55 años, todos con una calidad de sueño deficiente al inicio, evaluada con polisomnografía, marcadores bioquímicos y cuestionarios autorreportados.
  • Fueron divididos en dos grupos: uno incorporó alrededor de 50 almendras diarias, con un aporte cercano a 300 calorías; el otro recibió una colación isoenergética, pensada para que la diferencia no fuera simplemente sumar calorías.
  • El seguimiento se extendió cinco meses, un plazo inhabitual para este tipo de ensayos y que le dio algo de peso a los resultados de autopercepción.
  • Quedaron excluidas las personas con apnea del sueño, narcolepsia, insomnio crónico diagnosticado y quienes tomaban medicación que pudiera interferir con el descanso.

La comparación entre grupos fue lo que permitió aislar el efecto del fruto seco del efecto de, simplemente, comer algo a la noche. Sin ese segundo brazo, cualquier mejora podría atribuirse a la rutina de la merienda o al simple hecho de que alguien te está mirando y te cuida.

Qué cambió y qué no tanto

Los autores describen que el grupo que consumió almendras alcanzó con mayor frecuencia una mejora clínicamente significativa en los puntajes de calidad de sueño. También registró niveles algo más altos de melatonina en sangre y reportó, a través de los cuestionarios, menos interrupciones nocturnas y una conciliación más rápida.

Ahora, lo que a mí me llamó la atención al leerlo: cuando los investigadores pasaron de los cuestionarios a las mediciones objetivas, como actigrafía o polisomnografía, la diferencia entre grupos se estrechó. Lo que se mide con un sensor no terminó de acompañar del todo lo que los participantes sentían. Y ese desfasaje es la clave para no entusiasmarse de más.

Por qué podrían ayudar las almendras

  • Aportan magnesio, un mineral que los Institutos Nacionales de Salud de Estados Unidos reconocen como necesario para la actividad muscular y nerviosa, y cuya deficiencia se vincula con despertares y con piernas inquietas.
  • Contienen triptófano, un aminoácido que el cuerpo usa como precursor de la serotonina y, a partir de ella, de la melatonina, la hormona que marca el ritmo sueño-vigilia.
  • Su combinación de proteína, grasas insaturadas y fibra favorece una digestión más lenta y ayuda a sostener la glucemia durante la noche, un factor que varios especialistas asocian con menos microdespertares.

Por qué no es para salir a comprar almendras por kilo

Hay dos datos del paper que no conviene dejar en el tintero. El primero es metodológico: la financiación vino del Almond Board of California, la entidad que representa a los productores californianos. Eso no invalida los hallazgos, pero sí obliga a mirar los números con la lupa que se le pone a cualquier investigación patrocinada por una industria que tiene algo que ganar con el resultado. El segundo es la advertencia que dejó plasmada el propio equipo: el efecto más robusto fue subjetivo, y los cambios objetivos fueron más modestos.

“Las almendras pueden integrarse a una estrategia alimentaria compatible con el descanso, pero no reemplazan la consulta médica ante síntomas persistentes. La Organización Mundial de la Salud señala que el insomnio sostenido, la somnolencia diurna marcada o las pausas respiratorias nocturnas requieren evaluación profesional.”Organización Mundial de la Salud, en sus recomendaciones sobre higiene del sueño

Vuelvo a Ravi, mi personaje imaginario, porque en él se resume lo que me dejó esta lectura. Cinco meses después, sigue despertándose alguna vez, pero ya no se levanta tan arrastrado. No resolvió su problema de sueño, pero lo sobrelleva con más aire. Esa es, creo, la lectura justa del estudio: una pista interesante, un motivo para probar si a uno le funciona, y una razón de más para no abandonar la consulta con el especialista si las noches siguen siendo una pelea.

CA
Camila AguilarSociedad y vida

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