Lunes, 31 de agosto de 2026
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Bill Gates entra en pánico con la inteligencia artificial y propone algo tan argentino como raro: que los robots paguen impuestos

El cofundador de Microsoft escribió un ensayo de seis mil palabras donde advierte que la IA puede armar virus en un laboratorio, dejar sin trabajo a millones y concentrar el poder en cuatro empresas. Y pide, entre otras cosas, que las máquinas tributen.

Por Ezequiel OyarzoDeportes · 30 de agosto de 2026 · hace 1 h

Viento fuerte en Silicon Valley. No es una metáfora barata, es lo que se siente cuando uno lee el último ensayo de Bill Gates y nota que el hombre que hizo fortuna con el software ahora le tiene cierto respeto, o directamente miedo, a lo que viene. Seamos sinceros: que el fundador de Microsoft te diga que la tecnología que él ayudó a empujar puede salir mal ya no es una nota de color, es una señal de incendio.

El texto se llama "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical", algo así como "llegó la era turbulenta de la inteligencia artificial y las decisiones que tomemos son decisivas". Tiene unas seis mil palabras, una cifra que en Buenos Aires equivale a tres columnas de domingo, y aparece firmado por uno de los tipos que más sabe de cómo se mueve la industria. Lo publicó el jueves y en cuestión de horas los portales del mundo lo levantaron como si fuera un parte meteorológico: alerta naranja para el empleo, alerta roja para la bioingeniería.

Tres fantasmas con dirección y número de teléfono

Gates no se queda en el clásico "la IA es peligrosa, cuidémonos". Va al hueso y marca tres riesgos concretos. El primero es el que más helado te deja: la posibilidad de que alguien con malas intenciones use estos sistemas para desarrollar agentes biológicos, o sea, para fabricar enfermedades nuevas. La inteligencia artificial hoy sirve para acelerar el hallazgo de vacunas y medicamentos, pero la misma capacidad que busca moléculas útiles puede, con un giro perverso, ayudar a diseñar una amenaza. Gates dice que ninguna pandemia hecha en un laboratorio es automática, aunque advierte que la barrera técnica para intentarlo bajó de manera notable.

El segundo fantasma tiene cara de oficina y ticket de supermercado. Gates sostiene que la automatización esta vez no viene por los músculos sino por la cabeza. Los modelos más modernos observan, escuchan, escriben, programan y resuelven problemas, justo lo que hasta ahora era coto privado de abogados, médicos, programadores y personal de atención al cliente. La diferencia con revoluciones anteriores, según el documento, es la velocidad: lo que en la industria textil tardó un siglo, aquí podría ocurrir en una década. Poco margen para recapacitar, reubicar o, directamente, rezar.

  • Riesgo biológico. Actores hostiles podrían valerse de la IA para desarrollar agentes patógenos, lo que reduce las barreras técnicas para una amenaza de ese tipo.
  • Riesgo laboral. Sectores como el derecho, la medicina, el desarrollo de software, la atención al cliente y la manufactura aparecen como los más expuestos al reemplazo cognitivo.
  • Riesgo de concentración. Gobiernos y grandes empresas podrían acumular poder gracias a herramientas de vigilancia y a la generación masiva de contenidos, lo que abarata las campañas de desinformación.

La propuesta del mozo: que los robots paguen la cuenta

Como contrapeso, Gates tira dos ideas que en Wall Street ya hacen ruido y en cualquier café de Buenos Aires generan debate. La primera: que los robots y los sistemas de inteligencia artificial tributen de forma comparable a los trabajadores. La segunda: que ciertos oficios vinculados a la salud, el cuidado y el acompañamiento emocional queden reservados por ley para personas, incluso cuando la tecnología pueda hacerlos. Es decir, que un humano atienda a otro humano en la enfermería aunque un software lo haga más barato. Tiene su lógica, aunque también tiene su problema: define quién gana y quién pierde en una discusión donde la mayoría todavía no se sentó a la mesa.

“Muchos empleos desaparecerán para siempre.”Bill Gates, ensayo "The Turbulent AI Era Is Here. The Choices We Make Are Critical"

El ensayo suma un punto extra, casi una advertencia lateral. Gates señala que las herramientas automatizadas de vigilancia y la generación masiva de contenidos ya están abaratan las campañas de desinformación. En otras palabras: la misma capacidad que escribe una nota prolija también puede escribir mil fake news por hora con la misma prolijidad. Para un país que vive pendiente de la próxima elección y de la última fake, el dato no es menor.

El próximo rival de la inteligencia artificial en el debate público no es otro modelo ni otra empresa: es el Congreso de cada país que tenga que decidir cómo se grava una máquina que todavía no existe como sujeto legal. La hora, por ahora, la manejan los ingenieros. Después, si nadie se sienta a la mesa, la manejarán los tribunales.

EO

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